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10 Cosas que no sabías sobre los orígenes de la guitarra amplificada

Raúl Barrantes
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01.04.2013
Todos tenemos claro, más o menos, sus principios fundamentales aplicados a nuestro pequeño universo: las cuerdas vibran sobre el campo magnético de una pastilla o pickup, ésta se traduce en un voltaje que viaja hasta el amplificador, y allí el voltaje termina convertido en energía acústica. El proceso de amplificación está, precisamente, en el momento en que ese voltaje, pequeñito él, es “ampliado” por válvulas o transistores hasta lograr uno que pueda mover de forma efectiva un altavoz.
 
Perdónenme los más técnicos el resumen simplificado de todo el proceso. El caso es que, con más o menos capas de ciencia encima, la amplificación y por extensión la guitarra eléctrica es algo que todos tenemos asumido como algo que, bueno, siempre ha estado ahí. Cuestión generacional. Pero no siempre lo estuvo. Hubo una época, no tan lejana, en la que los únicos instrumentos eran puramente acústicos, y la amplificación, casi, casi, cosa de fringe science. Unos cuantos pioneros cambiaron el mundo de la música para siempre. Veamos algunos de sus hitos y curiosidades que tal vez no conozcas sobre los orígenes de la amplificación en el mundo de la guitarra. Ideales para amenizar tu próxima conversación entre músicos y cervezas...
 
El primer amplificador
Se inventó en 1909, nada menos, junto con la válvula de vacío (concretamente, la de tríodo), que tantas y tantas alegrías nos ha dado a los guitarristas en el último siglo También algún disgusto, pero, ¿qué historia de amor no tiene sus luces y sus sombras? Su primera aplicación, al del primer ampli, fue una radio de AM, muy lejos aún de la guitarra. Pero precisamente la tecnología radiofónica fue la que luego se exportaría al mundo de los instrumentos musicales para diseñar los primeros amplificadores de guitarra.
 
Los pioneros
Los primeros experimentos para electrificar instrumentos tuvieron como campo de pruebas a violas y otros instrumentos de cuerda clásicos: Lloyd Loar, ingeniero de Gibson, por ejemplo, fue uno de sus pioneros, diseñando una pastilla eléctrica en 1924 para una viola precisamente. Su diseño, no obstante, transmitía una señal demasiado débil, ya que la transducción ocurría debajo de puente: el imán convertía en señal eléctrica la vibración del puente, no directamente de las cuerdas... Por otro lado, un jovencísimo Les Paul también realizó sus propios experimentos en los años 20, montando un micrófono en el interior de una guitarra y  conectándolo a un fonógrafo. El feedback era insoportable, y aquí comenzó la misión de Les Paul con las guitarras huecas, a cuyo diseño (hueco) responsabilizaba de la indomabilidad del sonido.
 
La sartén hawaiana 
Entre los años 20 y 30 del siglo pasado, se vio pronto la necesidad de más volumen para las guitarras, que tenían que competir en big bands con secciones de viento cada vez mayores, o empezaban a convertirse en el instrumento melódico principal, como en la música hawaiana que gozó de muchísima popularidad en la década de los 30. Una primera opción fueron las guitarras resonadoras (compuestas de una caja metálica con resonadores de aluminio en el interior), pero no eran lo suficientemente versátiles. La amplificación acabaría siendo global, pero comenzó con la conocida como Frying Pan (sartén), el primer lap-steel eléctrico, creado en 1931, diseñado por George Beauchamp y Adolph Rickenbacker. Debe su nombre al pequeño cuerpo redondo que, unido a un mástil completo, lo asemejaba a una sartén. 
 
La pastilla de herradura
La primera pastilla eléctrica viable fue, precisamente, la de la Sartén. Se trataba de una single coil a la que se llamó “pastilla de herradura” por la forma de sus dos imanes. Hasta tres décadas más tarde, las single coils, serían las únicas pastillas disponibles, con ejemplos tan definitorios como la P-90 que montaban muchas guitarras Gibson, y que data de 1946.
 
Electar, el tatarabuelo de tu ampli  
Buena parte de los primeros amplificadores disponibles en el mundo de la música fueron diseñados, precisamente, para lap-steel hawaianos. Por ejemplo, los que realizaba Epiphone, la compañía amplificadora más antigua actualmente en producción. Bajo el nombre de Electar, en 1935 aparecieron estos primeros amplificadores. Que, atención, aparecieron en versiones AC y DC, ya que en algunas zonas de Estados Unidos (en Lower Manhattan sin ir más lejos) el sistema eléctrico aún funcionaba con corriente continua en lugar de alterna (no sería hasta 1949 que se estandarizaría completamente la corriente alterna). Luego vinieron los legendarios Coronet, Century y Zephyr, al que Django Reinhardt se aficionó. ¡Todos antes de 1940!
 
El eléctrico “estilo español” de la Gibson ES-150 
El camino de la guitarra eléctrica discurrió desde las guitarras hawaianas a las de caja hueca. Considerada generalmente la primera guitarra eléctrica de “estilo español” comercialmente viable, la Gibson ES-150 fue uno de los primeros modelos de guitarra eléctrica, que comenzó a aparecer en el mercado en el primer lustro de los años 30. El nombre deriva precisamente del tipo de guitarra, Electric Spanish, y del precio que tenía, 150 dólares. La ES-150 incorporaba, además, la pastilla single coil hexagonal que acabó llamándose Charlie Christian, por el famoso guitarrista de jazz asiduo a este modelo, y supuso un enorme saldo adelante en la amplificación.
 
The Log 
Así es como se llamaba el prototipo de guitarra eléctrica que realizó Les Paul en su apartamento de New York en torno a 1940: el Leño. Un trozo de madera sólida con dos pastillas caseras a la que añadió  las alas de una guitarra hueca (¡haciendo la primera semi-hueca!) para mejorar el feedback y el sustain del sonido amplificado. A la larga, como todos sabemos, supondría un salto cualitativo definitivo en el mundo de la amplificación y la guitarra eléctrica, siendo el origen de la ES-335 y, por supuesto, la Les Paul. 
 
A prueba de Dick Dale 
Los inicios de la amplificación vieron un buen puñado de primeros amplificadores que no tenían demasiada potencia (unos 25W suele ser el consenso general en cuanto a potencia media en la época). Sin embargo, muchos intérpretes necesitaban más, y pronto fue relativamente común entre bluesmen y algunos músicos de big bands, que los amplis se llevaran más allá de sus posibilidades (teniendo los primeros encuentros no documentados con el overdrive). De hecho, circula una leyenda, que nadie ha desmentido, que afirma que Leo Fender, cuando comenzó sus diseños de grandes amplis de válvulas en los cincuenta, continuó mejorando su diseño hasta que Dick Dale, el gran guitarrista de surf, fuera incapaz de reventarlos. 
 
PAF, la primera humbucker 
Seth Lover, de Gibson, fue quien diseñó la primera humbucker, probablemente el definitivo gran salto adelante en los orígenes de la amplificación con su capacidad para desterrar para siempre los incómodos ruidos a que eran proclives las single coils. Se idearon en 1955, el año en que se pidió la patente, aunque no se usaron hasta 1957, convirtiéndose en las segundas humbucker en usarse. Su nombre deriva de la pegatina que aparecía sobre las pastillas, en la que se leía Patent Applied For, y para cuando la patente se entregó por fin, en 1959, ya eran conocidas popular mente como PAFs. Y así, hasta nuestros días.
 
¿Más datos? Las PAF incorporaban unas 5.000 vueltas de cable, aunque la cuenta no era exacta porque las máquinas para montarlas eran manuales, y no siempre se lograba el mismo arrollamiento. Por eso, y porque se usaban diferentes grados de alnico para los imanes, las diferencias de tono en aquella época eran notables debido a las pequeñas diferencias en resistencia.
 
Cables de dos o tres patillas
Hasta bien entrados los 60, la mayor parte de los amplificadores aún usaban cables con solamente dos patillas, en lugar de las tres actuales. Es decir, que no tenían una conexión real a tierra. Si alguna vez te haces con un amplificador vintage que aún tenga uno de esos cables, hazte un favor y que un técnico cualificado te lo cambie por uno moderno. Tu integridad física puede estar en juego.
 
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