¡Ah, los años 80! En España es imposible no relacionarlo con cierta movida madrileña, pelos de colores, maquillajes estrambóticos y hombreras. Fuera de nuestras fronteras, y en lo que a música se refiere, la cosa comparte unas cuantas similitudes pero también muchas y notables diferencias. Digamos que las mallas y los pelos cardados fueron universales, pero en otras latitudes se acuñó lo que hoy conocemos como el sonido del hair metal, al que por aquí apenas nos acercamos un pelo, salvo contadas excepciones. Ése, precisamente, que quienes nos movemos en el mundo de la guitarra y el rock tenemos bastante asumido como el genuino “sonido de los 80”.
 
Resulta curioso como ese tono del que hacían gala bandas como Def Leppard, Whitesnake, Dokken, Mötley Crüe o Van Halen, spandex mediante, se antoja muy superado. Casi tanto como las inefables hombreras... Mucha responsabilidad del envejecimiento prematuro de ese sonido lo tiene, seguramente, la escena grunge que arrasó con todo a principios de los 90. Y, sin embargo, escuchado hoy de nuevo, tal vez no suene tan antiguo como muchos tenéis en mente. Puede que sea porque, hasta cierto punto, el hair metal está volviendo (aunque solo sea porque algunas bandas están retomando la pasión por cierta estética... y luego están Steel Panther, claro). O, probablemente, porque las técnicas de producción actuales recuperan algo de aquella década de excesos y diversión en el estudio y con los efectos, una vez pasada la obsesión por lo orgánico. Cuestión de ciclos...
 
En cualquier caso, no hay que desdeñar en absoluto el sonido que aquellos guitarristas descamisados, embutidos en ceñidos pantalones, e intoxicados por la laca y otras sustancias igual de peligrosas. Especialmente si uno busca un sonido de rock moderno, ese sonido de guitarra de los 80 puede ser una buena inspiración: hay unas cuantas cosas que se pueden aprender de él. Por ejemplo...
 
No tener miedo de la distorsión
Bueno, ¿y qué guitarrista la tiene? Alguno habrá, seguro, pero si hablamos de rock... ¿quién puede hablar de miedo? Sin embargo, conviene matizar. No es precisamente que en los 80 se descubriera de repente la distorsión. Pero sí podemos afirmar que ésta se asentó casi como una condición sine qua non. Probablemente, si algo debemos agradecer al hair metal, es que convirtiera un ampli saturado y abusado por algún pedal de distorsión en algo completamente normal para el gran público. ¿Metal for the masses? Puede ser...
 
Además, los 80 y el hair metal fue cuándo y dónde comenzaron a popularizarse los pedales de distorsión y overdrive propiamente dichos. Si los años 70 fueron más bien terreno de fuzzes y treble boosters, los 80 vieron llegar, quedarse, y vencer a pedales tan antológicos como el TubeScreamer, el Boss DS-1 o el Rat. Era costumbre emplear alguno o varios de estos pedales en cascada, generalmente sobre algún Marshall tipo JCM-800 pasadito de vueltas, llegando así a esa distorsión tan característica de la época, con sustain infinito y, aquí viene el error de muchos, bien cargado de medios (lo de cepillarse los medios vino más tarde, chicos, nada de culpar a los del spandex).
 
Usar delay te pone on fire
Con el delay ha pasado un poco en la guitarra rock lo mismo con las gated reverbs para las cajas de batería: que de repente estaba mal usarlo, a no ser que hicieras algo más pop y quisieras parecerte a The Edge o, ejem, Britney Spears. Sin embargo, ya es hora de volver a reivindicar un buen delay de esos que engordan cada una de las notas de tu solo y hace que se te mueva el pelo con cada “repeat” (algunos guitarristas prefieren ponerse un ventilador a pie de escenario en lugar de un delay... ¡ellos sabrán!).
 
Bromas aparte, lo cierto es que una vez superado el rollo “tanto delay me suena a los 80” (dicho como algo malo... ¡¿te lo puedes creer?!), se trata de un efecto con una utilidad tremenda, tanto para dar color a ciertos pasajes, como para agrandar el sonido de tu guitarra. Prueba con delays múltiples, cada uno con tiempos de retardo diferentes, y prepárate para flipar, ar, ar, ar...
 
Abusar del chorus no es sexy
Y, por la misma regla de tres, abusar de cualquier efecto lo hace. En los 80, cosas como el phaser o el flanger empezaron a abrirse camino con fuerza. Ahí tenemos el característico sonido de Van Halen, sin ir más lejos. Sin embargo, un efecto que predominó sin duda fue el chorus... ¡mal que nos pese! No es que un chorus en sí mismo nos parezca mal, pero cuando todo se baña en él (¡hasta las guitarras distorsionadas...!), la cosa pasa de castaño oscuro a “tío, apaga ese maldito trasto o te lo hago tragar”.
 
No, en serio: ¿era necesario que todo sonara con chorus? Estamos seguros de que si alguien sigue odiando el sonido de los 80 es por el condenado chorus. No por el delay, ni la reverb, ni tan siguiera el maquillaje. Por eso, y por los dolores de cabeza que da un Floyd Rose cada vez que tienes que cambiar las cuerdas, que te hacen odiar la década entera y al pobre Floyd que no sabía lo que estaba comenzando...
 
La técnica cuenta
Lo que no quiere decir que haya que ser un prodigio técnico para ser un gran guitarrista. Lo que queremos decir es que la propia técnica marca un poco a qué suena cada uno. Y sin duda el sonido ochentero tiene mucho que ver con qué tocaban quienes lo cultivaban: tappings, palm-muting, dive bombs loquísimos con el ya mentado Floyd Rose, y muchos armónicos, que apoyados por esa distorsión de la que hablábamos suenan endiabladamente bien, y que si se combinaban con un dive bomb eran el colmo de lo cool...
 
Hay una forma de tocar que sin duda te hará sonar como ellos. Pero, más allá de lo que son simples etiquetas, aquellos guitarristas desarrollaron un buen puñado de trucos que echar a nuestro repertorio y que hoy son ya el abc de cualquier solista. También para adornar pasajes de temas nada rock...
 
El rímel influye en el tono
¡¿Cómo?! Bueno, es tan solo una forma de decir que la estética que adoptes seguramente acabe influyendo en cómo te escuche el público... ¡para bien y para mal! ¿Cuánto de todo lo que nos ha parecido mal del hair metal ochentero tiene que ver con la laca y el spandex? ¿Cuánto ha influido la estética en cómo se ha percibido ese sonido a lo largo de los años? Piénsalo: no sabemos exactamente cuál es la lección a extraer, pero estamos seguros de que hay una. Cuando la descubras, nos la cuentas, por favor.