¿Quién dijo que iba a ser fácil? Tienes ya tu home estudio, después de mucho esfuerzo y sufrimiento ahorrando y eligiendo el equipo que necesitabas; has hecho ya tus primeras grabaciones (empleando, esperamos, algunos de los muchos consejos que os hemos dado por aquí); y te has puesto ya tu uniforme de mixing engineer para dar forma a los temas de tu banda – o puede que de algún otro grupo – que estás (auto)produciendo. Sin embargo, tus mezclas no acaban de sonar... bien. O no acaban de sonar como esperabas cuando las sacas de tu estación de trabajo, donde parecías haber conseguido ese sonido pro y especial como si de the next big thing se tratara. Sin embargo, al escucharlo en otros sistemas... ¡ouch!
 
No te preocupes, te entendemos. Todos hemos estado ahí alguna vez. Hay muchas cosas que afectan a esa labor tan gratificante y endemoniadamente desesperante al mismo tiempo que es la mezcla y la producción musical. Y, muy especialmente, a cómo escuchas sus resultados... Tus oídos, para empezar, por evidente que resulte. Se necesitan muchos años de práctica y escucha activa para que tu oído, o mejor dicho, tu cerebro adquiera las habilidades necesarias para mezclar como lo hacen los profesionales. Es decir, con los resultados de los profesionales. Especialmente eso que se llama escucha selectiva (que deberías entrenar cada vez que puedas a lo largo del día) y que te permite discernir entre diferentes frecuencias y aislar sonidos concretos. Vamos, la herramienta básica del técnico de sonido, ingeniero de mezcla, o cómo queramos llamarlo.
 
Pero más allá de tus facultades físicas y mentales, existen factores externos que condicionan lo que llega a tus oídos. Los principales son, por un lado, los monitores de escucha, y, por otro, tu sala. Como los grandes ingenieros y productores nos recuerdan, unos buenos monitores no son nada si tu sala suena mal. De hecho, unos buenos monitores en una mala sala es exactamente igual a unos malos monitores. Por tanto, vamos a ofreceros  una lista de tareas en cinco pasos para que, aunque nunca podremos convertirla en el Studio A de cualquier gran instalación de producción musical, tu home studio suene un poquito mejor.
 
 
El triángulo de monitores
Lo primero a lo que deberías atender es a la posición de tus monitores y de tu propia persona que, como verás, están íntimamente relacionadas. Por un lado, es recomendable situar tu posición de trabajo de forma que los monitores lancen el sonido en la dirección más larga de tu sala. Es decir, que si tu sala es rectangular (mucha mejor opción que cuadrada), sitúa los monitores y toda tu cacharrería en la pared más corta. Por otro lado, existe la regla del 38%, que viene a decir que, por defecto, la posición en la habitación en la que tendrás una respuesta en frecuencias más plana estará a un 38% de la longitud total de la sala. Ahí es donde deberías situar tu cabecita para trabajar.
 
Siguiendo con cuestiones de ubicación, los monitores deberían estar colocados a cierta distancia de la pared, ya que si los pegas a ella, se amplificarán de forma natural los graves que emitan. Y nunca los sitúes en una esquina, porque esa amplificación se doblará.
 
Para rematar la faena, tu relación con los altavoces debería ser la de un triángulo equilátero. Esto es, que los monitores estén separados entre sí por exactamente la misma longitud que haya entre éstos y tu cabeza. Para ser exactos, entre el punto justo detrás de tu cabeza y los monitores, de forma que los ejes imaginarios que los unen pasen rozando tus orejas. Fácil, ¿no?
 
Todo esto debería asegurar un primer avance hacia una buena respuesta en frecuencias y una buena imagen estéreo en tu punto de escucha. Pero la cosa no ha hecho más que empezar...
 
Trampas de graves para los modos
Las habitaciones con paredes paralelas son un auténtico infierno acústico. Lo cual es poco alentador para quienes deciden montar un home studio, porque qué casa o apartamento no está construido con paredes paralelas. ¿Y cuántos podemos ponernos a hacer reformas para evitarlas sin provocar un divorcio?
 
El problema radica en los modos: éstos se forman por ondas estacionarias que quedan rebotando entre superficies paralelas (paredes, pero también techo y suelos), provocando lo que se conoce como nulls y peaks en las frecuencias graves. Lanza algo con mucho contenido en graves (ondas de pocos hercios si tienes un oscilador, como el Signal Generator de Protools, o una pista de bajo, por ejemplo), paséate por la habitación, y sabrás a lo que nos referimos. Los modos ocurren a frecuencias bajas específicas, y es fácil entender que son un serio problema para mezclar, ya que en tu posición de escucha no tendrás una buena representación del contenido en graves real del material con el que trabajas.
 
La solución pasa por, no pudiendo hacer reformas, instalar trampas de graves. Que no son sino absorbentes específicamente diseñados para atrapar la energía de esas ondas de baja frecuencia y evitar el rebote y, por tanto, el modo. La Red está llena de recetas caseras para construir trampas de graves, además de poder comprarlas ya fabricadas de un sinfín de compañías. La mejor opción, tenlo en cuenta en cualquier caso, es situarlas en las esquinas, desde el suelo al techo. Convencer a tu mujer ya es cosa tuya...
 
Combate las reflexiones: el truco del espejo
Con dos de los principales deberes hechos, toca afrontar otro problema: el de las reflexiones tempranas. Hay que tener en cuenta que el sonido que llega a tus oídos no proviene solo de tus altavoces. Con el tema de los modos ya deberías tenerlo claro, pero piensa también que el sonido, a cualquier frecuencia, rebota también en muchas otras superficies de tu estudio. Y ese sonido rebotado llega a tus oídos un poquito más tarde que el sonido directo de los altavoces, provocando distorsiones poco recomendables (falta de claridad e imagen estéreo, comb filtering...). Principalmente cuando se trata de esas reflexiones tempranas que son las que más energía tienen.
 
Por tanto, es recomendable tratar los puntos en que se producen estas reflexiones. Los más importantes se encontrarían en la pared, detrás de los altavoces y a los lados, y en el techo y el suelo. Éste puede tratarse fácilmente con algún tipo de alfombra, mientras que para lo demás es recomendable usar paneles absorbentes. Pero... ¿dónde colocarlos?
 
En el techo es también relativamente sencillo: el centro del panel absorbente debería estar a la mitad de la distancia entre la posición de los altavoces y la de escucha. Ahora bien, en las paredes laterales hay que identificar el punto exacto (los puntos, más bien, pero lo explicaremos de forma simple...). Esto se puede hacer empleando matemáticas...o con el truco del espejo.
 
La cosa va a sí: siéntate en tu posición de trabajo y haz que un amigo sostenga un pequeño espejo plano contra la pared lateral. Pídele que vaya moviéndolo, y cada punto en que puedas ver reflejado en el espejo alguno de los altavoces, es una fuente de reflexiones tempranas. Lo ideal es tratar una superficie más amplia, en cualquier caso, pero siempre en las dos paredes. Y a ser posible con material que no solo absorba frecuencias altas.
 
¿Un poquito de difusión?
Según las características de la sala en la que montes tu home studio, puedes plantearte el uso de difusores para acabar de redondear el tratamiento acústico. Con la difusión, en el fondo, se pretende combatir los mismos problemas con con la absorción (cuando hablamos de reflexiones), pero de un modo distinto: mientras que los absorbentes recogen la energía de la que nos queremos librar y la transforman en calor, los difusores la diluyen enviándola en un porrón de direcciones distintas (premio para la explicación científica del año). La diferencia en el resultado estriba en que la absorción tiende a hacer una sala más seca acústicamente, mientras que la difusión ayuda a mantener o incluso realzar el ambiente. Sin embargo, no suele estar recomendad para espacios pequeños.
 
Ten en cuenta que si tu habitación mide menos de tres metros de largo, se suele recomendar tratar también las reflexiones tempranas en la pared del fondo con absorbente. Pero si has instalado tu home studio en un espacio amplio (un gran sótano, por ejemplo) puedes barajar el empleo de difusores para rematar la faena.
 
Compra un micro de test... ¡y úsalo!
Por último, aunque seguramente debería ser lo primero, hazte con un micrófono de mediciones y analiza tu sala. Estos consejos que acabamos de darte son en buena medida de aplicación general, pero siempre es más efectivo saber de antemano con qué problemas acústicos nos enfrentamos antes de llenar una habitación de paneles absorbentes. Existen muchos programas (algunos de ellos gratuitos y muy buenos, como Room EQ Wizard) que te permitirán hacer mediciones de todos los aspectos necesarios. Y en la Red encontrarás un buen puñado de tutoriales para entender los resultados. ¡Y ni siquiera necesitas un micrófono caro! Por unos 50 euros encontrarás un buen puñado de micros que cumplirán esta función perfectamente.