En el mundo de la música, y más cuando hablamos de música en directo, hay una regla matemática que, se pongan como se pongan los científicos, no nos sirve para nada: el orden de los factores no altera el producto. Esto, que en ciencia es inapelable, cuando se trata de llegar a un público con tus temas y que se vayan a casa con el mejor sabor de boca posible y tu concierto grabado en la mente para siempre, simplemente no es cierto. El orden de los factores, o, en fin, de las canciones en este caso, sí altera el producto: el disfrute y el recuerdo.
 
Tanto, que una de las labores que ninguna banda debería tomarse demasiado a la ligera es el de la preparación del set-list. Un buen repertorio, en el que la música fluya de la manera más atractiva e interesante posible, es un billete ganador para que un directo funcione como un tiro. Aquí te dejamos algunos consejos para ese momento en el que hay decidir qué tocar durante la actuación. Aunque esa decisión se tome en un bar y se apunte sobre una servilleta... ¡que ya sabemos que no sería la primera vez!
 
Elige un buen show-starter...
Necesitas un tema que ponga las cosas en movimiento desde el principio. Por supuesto, todo dependerá del tipo de música que hagas, y también de la audiencia ante la que estés. Si lo tuyo es hard rock, por ejemplo, seguramente sea buena idea arrancar con un tema conocido y potente, que ponga a la gente a mover la cabeza antes casi de poder pedir la primera copa. No tengas miedo de que sea uno de vuestros hits: ¡seguro que tenéis más! Es importante que el ambiente comience a caldearse cuanto antes, especialmente si tocas ante un público que no te conoce o te conoce poco.
 
Por otro lado, si estás ante una audiencia fiel, tal vez este calentamiento pueda ser algo más progresivo: dales algo bueno con el primer tema, pero reserva una de las canciones potentes para el segundo o tercer hueco del set-list. La cosa es tirar la caña, y engancharlos bien pronto con uno de esos temas que están esperando desde que entraron por la puerta para que todo el mundo se ponga a bailar.
 
o hazle caso a Les
Les Paul contaba que el público no presta mucha atención al primer tema. En su experiencia, atendían más a cómo ibas vestido, qué pinta tenía la banda, cómo estaba montado el escenario... En nuestros días, probablemente esto siga siendo cierto, aunque la cosa trate más de twittear que ha comenzado el show, tomar algunas fotos (si solo ocurriera al principio, los que vamos por la música lo agradeceríamos, ¿verdad?)... O de en la guitarra que llevas colgada, en el look del bajista, en cuántos pedales tienes a tus pies, o en si el batería va borracho o no. Pero su consejo sigue teniendo bastante sentido: dejar correr un par de temas, sin darles mucha importancia, y lanzar el auténtico show-starter tras este calentamiento.
 
Administra los temazos
Todo esto no quiere decir que dispares todas las balas al principio. Reserva lo más potente para la parte central y el final del show, donde sin duda tendrán mucho mayor impacto. A mitad de set, porque permitirá ir centrando la atención del público, que, según sus gustos, puede estar más o menos atento durante algunas partes de la actuación. Y al final, lógicamente, para que se vayan a su casa un subidón, deseando más (¡esto es lo más importante!), y completamente entregados a tu causa.
 
Ve alternando tonalidades
Es buena idea ir espaciando las canciones escritas en la misma tonalidad. O, al menos, no agruparlas más allá de dos en dos. El público notará cierta monotonía sonora si navegáis demasiado tiempo por la misma tonalidad, aunque no sepa realmente por qué. Es algo puramente instintivo.
 
Ahora bien, si los temas en la misma tonalidad incorporan elementos muy definitorios -desde estructuras muy diferentes, a elementos externos a la propia música (caminar sobre las cabezas del público mientras haces un solo, escupir fuego o jugar con sierras mecánicas, por decir algo sencillo y al alcance de todos), tampoco hay que preocuparse demasiado.
 
Alternar tempos
Lo mismo ocurre con los tempos. Si tocáis todos vuestros temas rápidos del tirón, y luego vienen todos los lentos, tal vez generéis algo de aburrimiento. Organizad los tempos de forma que el concierto tenga una dinámica propia. Aunque solo sea porque unas cuantas baladas seguidas son la mejor receta para que el público se dedique a socializar entre ellos, en lugar de escucharos.
 
Intercala temas propios y versiones
A todos nos gustan las versiones. Pero adminístralas sabiamente en función de qué tipo de banda queréis ser: un set-list atiborrado de covers está muy bien para animar al público y darles una noche divertida. Seguramente el dueño del local estará muy feliz también, especialmente por el número de consumiciones. Pero esta estrategia tal vez os genere poca entidad como banda. Porque son vuestras propias composiciones las que os dan una identidad. Una o dos versiones en shows de 45 minutos o una hora están bien, sobre todo si conseguís llevarlas a vuestro terreno y hacer que esos temas suenen como vosotros.
 
Toca temas nuevos
Hazlo regularmente. Si tu banda actúa de forma habitual, no dejes pasar más de un par de meses sin introducir novedades en el set-list. No solo mantendrá el repertorio vivo y fresco, sino que, además, es un gesto hacia tus seguidores. Y también una ocasión inmejorable de comprobar cómo funcionan, qué hace que la gente se mueva, física y emocionalmente, y qué no.
 
Deja espacio para la improvisación
Otra estrategia que ayuda a mantener las cosas en movimiento. Intenta no tocar cada solo de forma idéntica concierto tras concierto, y aumentarás el interés del público cuando llegue esa parte de la canción. O deja huecos en algunos temas para que la banda pueda improvisar, generando una expectación y una comunicación sobre el escenario que hará cada show memorable. Del mismo modo, dejaos llevar un poco: no está mal que un cantante se baje a cantar entre el público, o que el guitarrista se lance sobre ellos poseído por el momento. Recuerda que lo inesperado es una carta que hay que saber jugar.
 
Asume riesgos, pero elige bien los temas
De asumir riesgos es básicamente de lo que hablamos en el punto anterior. Y esto es algo muy importante también en el repertorio. Una banda que show tras show toca las mismas canciones puede llegar a hacerse predecible. Así que también es buena idea ir variando el set-list para incluir temas poco frecuentes, variaciones de algunos conocidos (¡auto-cover!), o versiones inesperadas. Pero hazlo con cabeza: intenta jugar siempre en favor de las cualidades de la banda, pero teniendo en cuenta que el  público debe sentir que están ante un directo, y no ante algo ensayado hasta la extenuación y donde no hay margen para el error.
 
Calcula bien el tiempo
Siempre es difícil calcular cuánto va a durar nuestro concierto cuando estamos eligiendo los temas. Pero hay una regla general que te ayudará: calcula 5 minutos por tema. Así de sencillo. En ese tiempo entraría el propio tema, la intro hablada por ese cantante con tanta verbigracia, los chistecitos del momento, el afinar antes de arrancar, o cambiar instrumentos, etc. Si lo tuyo es el punk, y te mantienes fiel a la tradición de canciones rápidas, furiosas y... cortas, puedes reducir ese cálculo a 3 ó 4 minutos. Y si te das a géneros donde cada canción dura al menos 7 minutos, bueno, en fin, calcula en consecuencia.
 
Pero es importante tener en cuenta dos cosas en cuestión de la duración: primero, el límite en shows con varias bandas. Hay que ser respetuoso con los compañeros de cartel. Y segundo, el difícil equilibrio entre dejar al público con ganas de más (algo que siempre es buena idea), no hacérselo demasiado largo (a veces, por mucho que nos guste una banda, un concierto puede ser agotador), y que os quedéis a gusto los que estáis sobre el escenario. Esto es lo más difícil de todo, y aquí solo la experiencia propia puede ofrecer una respuesta.