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Cómo sobrevivir a un festival de música

Raúl Barrantes
|
04.08.2014


A estas alturas no descubrimos nada nuevo si afirmamos que los festivales son una ocasión inmejorable para disfrutar de una tacada de un buen puñado de nuestros grupos favoritos. Aunque las combinaciones que se marcan algunos promotores desde hace unos años son un poco rocambolescas, combinando grupos y géneros a veces demasiado alejados unos de otros (quien sabe si para atraer público más variado o para obligarnos a acudir a más de una cita veraniega... tsk, tsk...), un festival sigue siendo un maratón idóneo para quienes quieran deglutir en dos o tres días directo tras directo de grandes bandas.

Eso sí, si bien es cierto que un festival de verano puede ser el “concierto non-stop” de tu vida, también se trata de un entorno en el que no es demasiado difícil complicárnosla. La vida, vaya. Los peligros son muchos, en el fondo: desde gente extraña, con un sentido de la diversión aún más extraño, a los que todos aprendemos a ver venir desde lejos pero que siempre consiguen pillarnos alguna vez con la guardia baja, hasta malas prácticas alimentarias (ejem) que pueden dar al traste con los meses de ahorro, las semanas de preparación, las horas de viaje y la paciencia de nuestros compañeros de festi...

Así que nos vais a permitir que hoy saquemos nuestra mejor cara de mamá en plan “ten cuidado, hijo” y, aún a riesgo de pecar de obvios aquí y allá, os dejemos varios consejos para vuestra cita festivalera no se convierta en toda una pesadilla.

Hijo, ponte crema
Ya, llevamos desde los siete años escuchando la misma cantinela pero, confiesa: ¿a que tu madre tenía razón el 99% de las veces? Pues esta ocasión no va a ser diferente: los festivales de verano son al aire libre y, normalmente, en zonas donde el sol tiene una incómoda tendencia a castigar nuestra piel como si manejara baquetas infernales. Infernales quiere decir con fuego. Que quema. Hay pocas decisiones menos sabias (eufemismo para “estúpidas”) que zamparte 8 horas de conciertos bajo el sol sin ponerte un poco de protección solar. O mucha, ya puestas. Y si usas algún tipo de gorra y eres capaz de resistir la tentación de mostrar al respetable congregado tus exquisitos tatuajes y te dejas la camiseta puesta, probablemente evites males mayores.

Logística básica
Cargador de móvil... check. Tapones para los oídos... check. Sentido común... check. No hace falta que eches todo un kit de supervivencia en la mochila, pero unos cuantos básicos te harán la vida más fácil. La clave es ésa: un poco de sentido común te permitirá anticiparte a algunas necesidades básicas. Tener el móvil cargado es una de ellas. Proteger tus oídos de un sistema de sonido diseñado para agitar melenas con la mera presión sonora es otra, y te permitirá disfrutar de festivales durante muchos años (y sí, es mucho más ridículo quedarse sordo yendo a conciertos que unos taponcitos asomando de tus orejas...). Llevar suficiente dinero en efectivo, no deberíamos ni tener que mencionarlo. Ah, y, por dios... ¡no pierdas las llaves del coche!

El pesado de la mochila
Por cierto, ya que hablamos de logística... intenta no llevar una mochila de campaña contigo. Vamos, que tampoco hace falta ir de caracol por el festival. Y menos si eres de los que gustan de botar como locos allá donde te sitúes para disfrutar del concierto. Y si lo haces, al menos controla que tu mochila no le reviente los dientes a nadie, hombre, por dios.

Recursos de emergencia
Mujer precavida, vale por dos. Esto también vale para los hombres, pero, para qué negarlo, a nosotros se nos suele ocurrir bastante menos a menudo que puede ser buena idea echar a la mochila un rollo de papel higiénico de emergencia. Ya sabes, para cuando te toca visitar esas letrinas que parece que acaban de comenzar su propia guerra bacteriológica contra la humanidad (¡La rebelión de las letrinas! Ésa sí que da miedo, y no la de las máquinas...) y resulta que no queda papel en varias leguas a la redonda. Ya puestos, un gel sanitizador de esos de bolsillo tampoco vendrá mal, especialmente si esa Tercera Guerra Mundial de la Caca ya ha comenzado y no puedes contenerte el pis durante tres días. Y algún analgésico para los dolores de cabeza (a.k.a. resaca), un antiácido (ídem), y diversos utensilios de higiene personal (¿cepillo de dientes, alguien?) seguro que te salvan de una emergencia y te permitirán sentirte limpio y fresco aunque lleves tres días rebozándote en el barro entre riff y riff.

El agua de la vida
No te hagas el listillo. Todos nos hemos aprendido ya aquello de whisky quiere decir “agua de vida” en alguna extraña lengua ancestral de las islas británicas que tanto nos mola escuchar en las pelis de Mel Gibson pintado de azul. Pero no es ésa precisamente el agua que deberías consumir a litros estando de festival. Prueba con la del grifo, si es potable (fíjate bien en los carteles en las fuentes antes de que te pases con el otro agua y ya no seas capaz de leerlos correctamente), o en una de esas botellas con líquido transparente (no destilado) que, mucho nos tememos, no son precisamente baratas en un festival. Puede salvarte la vida... ¡literalmente!

Come algo
Éste es corto y muy elocuente. Come. Algo. Durante los tres días de festival no podrás alimentarte solo a base de agua (de vida o no) y quien quiere saber qué cosas que hayas traído de casa. Visita los puestos de comida y come. Sal fuera del recinto si es necesario, y come. Ya que dormir es probable que lo hagas poco, al menos métele gasolina al cuerpo.

Evita a los raros...
En los festivales musicales pueden hacerse grandes amistades, encontrar al amor de tu vida (o del fin de semana, al menos), conocer gente interesante... Pero también topar con algunos tipos raros, raros, raros... Por desgracia, este tipo de entorno puede sacar tanto lo mejor de las personas como lo peor. Eso incluye gente con costumbres incómodas para el 95% del resto de la humanidad (acercarse mucho a tu pelo en pleno concierto abarrotado, por ejemplo... ¡lo hemos vivido!), algunos con un sentido de la diversión un poco obtuso (¡eh, una letrina maloliente, vamos a tumbarla! ¡Se empieza provocando y se acaba en guerra!), y, por supuesto, los que beben más de la cuenta y los que tienen muy mal beber... que en muchas ocasiones son la misma persona.

Lo mejor es evitarlos, permanecer con los amigos y mirar los unos por los otros. Si te topas con alguno durante un concierto (el clásico que piensa que el lugar tranquilo en el que estás es el ideal para iniciar un mosh pit, sin ir más lejos), cambia de zona si es preciso. Y si te toca cuidar de un colega que se ha pasado de la raya, piensa que la próxima vez puede pasarte a ti.

Pero, sobre todo, pásalo bien, demonios. Si haces los deberes y llegas con la actitud adecuada, todo saldrá bien y pasarás un fin de semana memorable. Si al menos todos fuéramos a los festivales con la misma determinación...

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