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Cómo sobrevivir al... pánico escénico

Raúl Barrantes
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06.11.2013
¿Quién no lo ha sentido alguna vez? Ese nerviosismo creciente antes de subirse a un escenario que, cuando uno está poco entrenado, llega a colapsar nuestro organismo hasta el punto de... ¡no poder ni comer! Ni siquiera una tapita antes del show, y, en el peor de los casos... ¡ni tan siquiera una cervecita! ¡Agh!
 
 Ese estado de ánimo, en realidad, no nos abandonará nunca. De hecho, hay quien dice que si uno no se pone ni siquiera un poquito nervioso antes de tocar es que, en el fondo, le trae sin cuidado el resultado. Vamos, que alma le pone más bien poca. Algo que el público acaba percibiendo. Así que no hay que preocuparse en absoluto por un poco de nervio: lo malo es cuando el nervio se convierte  en pánico. Algo muy habitual cuando uno lleva pocos conciertos propios en el historial, o ante una cita realmente importante. ¿Quién no recuerda ese casi-infarto-cardíaco-con-múltiples-visitas-al-baño antes de su primer concierto?
 
El miedo escénico solo se cura con el tiempo y la experiencia, pero, no obstante, existen unas cuantas prácticas o costumbres que pueden ayudarnos a mantenerlo más a raya hasta que uno se convierte en un auténtico animal de escenario...

Conoce la sala
Puede parecer una tontería, pero familiarizarte con el sitio en el que vas a dar tu concierto, puede hacer mucho por controlar esos nervios. Date una vuelta, echa un vistazo a cada rincón, visita el rincón del técnico de sonido, sube al escenario y contempla dónde estará el público. En resumen, hazte un poco con el lugar, especialmente si es la primera vez que tocas ahí, e intenta sentirte cómodo.

 

Haz por relajarte
Es decir, relájate de forma proactiva. No nos referimos a que te tranquilices, así en general. ¡Eso no es un consejo! Pero toma medidas para intentar alcanzar esa tranquilidad: no llegues con prisas y apurando la hora al concierto o la prueba de sonido, intenta hacerlo con tiempo para aclimatarte y dejar que el estrés diario se quede atrás. Siéntate en el camerino, si lo tenéis, y charla con tus colegas de grupo o practica un poco con la guitarra, tómate algo, sin abusar, escucha un poco de música... ¡Lo que necesites! Pero no te quedes congelado con un pensamiento inútil (“relájate, relájate”) en la cabeza.
 
Practice, man, practice
No es infalible, pero sin duda alguna ayuda tener todo el material bien ensayado y aprendido. La memoria muscular es importantísima para que tu mente no dude en todo momento de si serás capaz o no de tocar cada tema y cada parte todo lo bien que deberías. Dicho lo cual, todos hemos sufrido alguna vez ese miedo escénico a pesar de conocer nuestro repertorio al dedillo y haberlo tocado mil veces. Pero, demonios, se sobrelleva mucho mejor cuando arranca la primera canción y todo fluye sin esfuerzo.

 

Visualiza
Lo hemos dicho en otras ocasiones, pero lo repetimos: visualizar es una herramienta maravillosa al alcance de todos para hacer mejor las cosas. Y también para controlar los nervios. Con visualizar nos referimos, en este caso, a invertir un poco de esfuerzo psicológico en imaginar que el concierto irá bien, que la gente lo está pasando bien, que el grupo está tocando mejor que nunca, que tu próximo solo será histórico... En resumen, aportar un poco de positividad mental para contrarrestar el pesimismo que, sin duda, tus nervios estarán intentando contagiarte con todas sus fuerza. También es una buena forma de llenar los espacios en blanco previos al show con pensamientos útiles: por ejemplo, en lugar de temblar como una florecilla pensando una y otra vez que todo irá mal, podemos invertir esa energía cerebral en repasar mentalmente algunas partes de los temas, cómo era aquél riff o cuál es la mejor forma de entrar en ese solo. Cualquier cosa menos ayayays y madremías...
 
Relaciónate
Los momentos previos son los más problemáticos de cara al pánico escénico. Así que, ¿por qué no ocuparlos charlando un poco? Aprovecha el tiempo y relaciónate con la gente de la sala, con el equipo técnico, incluso con el público que llega pronto al concierto. Es una buena forma de evitar aislarte en tu nerviosismo (¡lo peor que puedes hacer!), y de paso puedes establecer nuevas relaciones interesantes de cara al futuro y al devenir de la propia actuación. ¡Nada mejor que crear un ambiente amigable para que todo vaya bien!
 
Hidrátate y respira
Mantenerse hidratado es vital para sentirse bien físicamente antes y durante un concierto. Y tampoco está de más recordar que, en general, prestamos poca atención a cómo respiramos. No hace falta ponernos demasiado místicos: basta con recordar que respirar profundamente es un billete directo a la tranquilidad. Si notas demasiada ansiedad, baja el ritmo, toma aire con glotonería y calma, y concéntrate solamente en el proceso de respirar, en el aire entrando y saliendo. Funciona, te lo aseguro.

 

Toca mucho en directo
Ya lo comentábamos antes: el pánico escénico se cura con tiempo y experiencia. Así que, ¿por qué esperar para dar otro concierto? Intenta subirte a un escenario todo lo que puedas. Al principio puede que te pongas histérico, pero confía en nosotros: poco a poco será cada vez más fácil, y llegará un momento en que puedas concentrarte solo en lo que realmente importa...
 
¡Disfruta!
No lo olvides. Te subes a un escenario para disfrutar y hacer disfrutar a tu público. Se trata de pasarlo bien, no es un examen ni una evaluación. Y aunque lo fuera, si te olvidas de ello y te concentras solo en la diversión, la pasión y el buen rato que vas a pasar, todo irá mucho mejor.
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