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Componiendo para dos guitarras….dos son mejor que una... si se hace bien

Raúl Barrantes
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26.11.2013
Todos los que hemos compartido las labores a la guitarra en una banda con otro guitarrista hemos terminado sufriendo, antes o después, los mismos problemas: que si yo no me oigo, que espera que me subo, que si no se entiende nada de lo que tocamos, que si todo suena embarrado... La división clásica entre guitarra rítmico y guitarra solita – tú haces los solos, yo hago la base - puede solucionar la situación en algunos momentos concretos, pero desde luego no siempre. Y, en general, se corre el riesgo de caer en cierta monotonía sonora, cuando no un barullo indescifrable, que provoca falta de interés en el oyente.
 
Equilibrar el equipo de cada guitarrista es otra de las líneas de acción muy comunes en bandas con dos guitarras: utilizar instrumentos con timbres diferentes, efectos distintos, saturaciones complementarias, etc. Pero cuando ambos siguen tocando exactamente lo mismo durante el 90% del tiempo, seguimos corriendo prácticamente los mismos riesgos. Así que, ¿por qué no atacar el problema desde su raíz?
 
Es el mismo proceso de composición el que más oportunidades ofrece, no ya para evitar conflictos - ¡como si fuera poco! -, sino para dotar a nuestra música de ese algo extra que nos puede diferenciar del resto de bandas ahí fuera, y que puede aportar profundidad, además de claridad y definición, a un dúo de guitarras. Veamos unas cuantas pautas para lograr esto:
 
 
Contraste
Ésta es la palabra clave en lo que a componer para dos guitarras se refiere. Es el contraste el que hace que, en esa clásica técnica de mezcla, dos guitarras paneadas a ambos lados del estéreo y ligeramente desfasadas (artificialmente, o de forma natural por la propia interpretación de cada músico o de cada toma) suenen enormes. Es también el contraste el que provoca que dos guitarras de naturaleza distinta sonando al mismo tiempo en una banda (singles coils frente a humbuckers, por ejemplo) aporten riqueza sonora.
 
Y es, por tanto, también el contraste lo que tenemos que buscar al componer, escribiendo partes para cada guitarra que se complementen. Por ejemplo, mientras uno de los guitarristas toca acordes de quintas, otro puede estar empleando inversiones en las cuerdas más agudas. O podemos complementar un riff con un arpegio. O con algunos arreglos solistas, pequeños licks explosivos aquí y allá. Lo importante es no ya no tocar lo mismo, sino que al menos suene a que no estáis tocando lo mismo.
 
Del mismo modo, contraste también significa variar aproximaciones durante un tema. Por ejemplo, reservando momentos en que los dos guitarras toquen al unísono. Como golpe de efecto, no como costumbre, es tremendamente efectivo.
 
Separación de frecuencias
Otra de las claves, derivada sin duda de es noción de contrastar, es la de separar tímbricamente cada guitarra. Pero no ya, como decíamos al principio, por el uso de equipo diferente, sino por que cada uno toque arreglos, distintos o no, en diferentes partes del mástil.
 
En su forma más sencilla, esto significa que uno de los guitarras puede desarrollar un riff en la zona más grave del diapasón, mientras el otro lo dobla alguna octava por arriba, creando así un sonido enorme. Pero si rizamos un poco el rizo, podemos enriquecer mucho nuestro tema: por ejemplo, dejando que un guitarra machaque acordes de quintas, mientras otro añade díadas con terceras  o tríadas básicas a la figura en la parte alta del diapasón. O aplicando pequeñas variaciones tonales a esos mismos acordes. Algo tan sencillo como navegar por diferentes partes del mástil puede levantar el sonido de formas inesperadas.
 
Armonías
Luego tenemos este clásico heredado de los años 70 y 80, y que tan popular es en el metal. Esos licks a dúo en los que una guitarra armoniza a la otra. Pero no tenemos por qué quedarnos en algo puramente solista, a la The Boys Are Back In Town o The Trooper. Escucha, por ejemplo, el tema In My Head de Queens of The Stone Age y fíjate en cómo replica la segunda guitarra el riff principal durante la segunda estrofa. ¡Bam! Profundidad, separación, y contraste al instante. En resumen, interés.
 
Diferentes ritmos
Otra fórmula menos practicada, tal vez por que es algo más complicada de hacer funcionar bien, es que, aún tocando partes rítmicas, cada guitarrista lo haga con figuras ligeramente distintas. ¡O completamente distintas, todo es posible! La clave, por supuesto, es que el ritmo de cada uno complemente al otro, en lugar de tocar exactamente lo mismo o luchar entre sí.
 
Diferentes solos
Y, por último, no hay desdeñar las posibilidades de lanzarse a un solo al mismo tiempo, en lugar de adoptar la clásica división de roles solista/rítmica. Funciona especialmente bien, además, cuando en algunas partes claves del solo en cuestión, ambas guitarras se encuentran y tocan al unísono durante un espacio de tiempo determinado. De nuevo, se trata de contraste, tanto entre lo que toca cada uno antes y después de esa parte, como entre el ligero caos precedente y la solidez del unísono inesperado. Además, puede ser una solución ideal para esos ligeros problemas de ego que pueden surgir entre dos guitarristas. ¿Que quién hace el solo? ¡Pues los dos!
 
 
 
 
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