A todos nos ha pasado: estamos en mitad de un concierto, llega ese solo en el que lucirse (lo justo, que no nos gusta presumir, solo un poquito), o esa parte solista tan condenadamente vital para el tema de turno, y cuando pasas de aporrear acordes o tocar un riff a volar de nota en nota... ¡no se te oye! Puede, incluso, que hayas pisado con furia tu pedal-favorito-de-sonar-como-un-guitar-god, y en lugar de sonar mejor, hayas desaparecido en la mezcla... 
 
El problema es que tal vez suenes mejor si se te escuchara a ti solo, pero por diversos motivos, tu sonido es devorado por el resto de instrumentos en la banda. O, simplemente, no estás aplicando el volumen necesario para hacerte oír. O, muy probablemente, se trate de una mezcla de ambas, y que provoca no pocos dolores de cabeza entre guitarristas solistas en la carretera. Veamos algunas formas de dar un paso al frente cuando llega ese momento en el que realmente hay que estar al frente, para que puedas probar diferentes opciones hasta dar con la que funcione en tu situación particular.
 
Con el volumen al once
Es lo más evidente, para qué nos vamos a engañar. Si tu sonido te gusta como está, y lo único que necesitas es que se te oiga un poco más, busca una forma de aumentar tu volumen. Pero para esto hay muchas opciones. Por ejemplo:
 
Control de volumen
Vale, nuestro pedacito de sabiduría guitarrera de hoy es éste: tu guitarra tiene controles de volumen (¡y de tono!), así que, ¡úsalos! Existe una tendencia evidente a situar tus potes en la guitarra al 10 y rockear sin mirar atrás (o abajo). Pero esto no es necesariamente la mejor opción, ni la más útil. Podrías, por ejemplo, intentar obtener tu tono principal, general, o rítmico, con el volumen de tu guitarra al 6 ò al 7, y añadir o quitar en función de tus necesidades en tiempo real. Esto lo vienen realizando guitarristas famosos y legendarios desde los orígenes de la guitarra eléctrica (fíjate en cualquier vídeo de Hendrix o Gary Moore, y verás cómo sus dedos no paran de alcanzar cada dos por tres sus controles de tono y volumen). Así, cuando llegue el momento de tu solo, solo tienes que subir el volumen de tu guitarra al 10 y dejarte llevar por el sonido salvaje que alcanzarás.
 
Eso sí, ten en cuenta que al aumentar el volumen de tu guitarra, lo que estás haciendo en realidad es aumentar la ganancia, lo que puede significar cambios en la cantidad de overdrive o distorsión de tu sonido. Y tal vez no sea esto lo que buscas exactamente.
 
Pedal de volumen.
Aunque son unidades cuya función depende mucho de dónde se sitúen en tu cadena de efectos, uno de sus usos es, por supuesto, el de regular el volumen general. Si lo sitúas al principio, se comportará básicamente como el pote de tu guitarra. Pero si lo sitúas al final de tu cadena de efectos, o justo después de tus pedales de overdrive y distorsión (si es que ésta proviene principalmente de pedales), afectará muchísimo menos o nada (según el headroom de tu ampli) al timbre del sonido, y simplemente regulará el volumen. Puro y duro. Pruébalo: es una buena forma, por ejemplo, de tener un sonido distorsionado pero con menos volumen, para una intro, por ejemplo, y hacer que el sonido estalle al arrancar el tema pero sin añadir más ganancia. Y, ya de paso, te permitirá jugar con las colas de tu delay, si el pedal de volumen está entre éste y los de overdrive y distorsión.
 
Booster para todos
De forma similar al pedal de volumen, existen muchas unidades cuyo único efecto es añadir más volumen. De nuevo, si tu ganancia proviene principalmente de pedales, al situar el booster al final de la cadena, obtendrás solo esos decibelios más que necesitas para hacerte oír...
 
El problema viene cuando tu ganancia, es decir, tu distorsión, está generada directamente en el ampli. Si no tocas con un sonido de amplificador limpio, un booster añadirá más ganancia y, por tanto, distorsionará más el timbre. Y aun partiendo de un sonido limpio, si tu ampli no tiene mucho headroom, esto ocurrirá igualmente. Bien es cierto que un booster limpio no coloreará tanto el sonido como un overdrive. No hablemos ya de un pedal de distorsión, por supuesto. Pero esto hay que tenerlo en cuenta, aunque el efecto de un booster contra un ampli calentito y poco headroom, o antes de tus pedales de distorsión, puede ser muy interesante, engordando tu sonido y aportando un poco más de volumen...
 
Si no quieres el plus de ganancia, una opción alternativa, en el caso de que tu ampli tenga loop de efectos, es colocar el booster directamente en él, para que su acción ocurra sobre la etapa de potencia, y no la de pre amplificación. Si lo combinas con un pedal de volumen, las posibilidades son muchas, aunque deberás asegurarte de que el pedal de tu elección es compatible con el loop de efectos de tu ampli.
 
Cóctel de canales
Si tu amplificador tiene varios canales, es probable que todo esto que te hemos contado no te interese demasiado. Con dos o más canales, este escenario puede tener una solución tan simple como emplear un canal para tus partes rítmicas, y otro para tus momentos solistas. Ten en cuenta cuestiones de ecualización y cantidad de distorsión si aún así no acabas de encontrar tu hueco en la mezcla: intenta aumentar tus medios, o aligerar un poco la distorsión de tu canal solista, ya que ésta puede emborronar el sonido más que empujarlo hacia adelante. No obstante, combina todo lo anterior con varios canales, y tus posibilidades sonoras se disparan...
 
Al rico efecto
No, no vamos a comenzar ahora una nueva entrega de nuestra serie de artículos sobre pedales de efectos, pero sí apuntar un par de cosas relacionadas con ellos... Primero, una opción alternativa al amplificador con varios canales, y al concepto de booster y controles de volumen, es el usar un par de pedales de distorsión para tus diferentes partes en un tema: uno configurado como tu sonido rítmico, y otro para tu distorsión solista. Ésta puede ser una combinación de ambos pedales. Por ejemplo, un overdrive con la ganancia al mínimo y el output altito, puesto después del pedal rítmico, para que levante el sonido pero no añada ganancia al otro pedal (aquí entra en juego la importancia del orden de colocación en overdrives y  distorsiones). Pero también puede ser un pedal completamente distinto: con algo de práctica, puedes activarlo al mismo tiempo que desactivas el otro de un mismo pisotón (siempre y cuando estén uno al lado del otro, o seas un auténtico bigfoot).
 
Tampoco hay que desdeñar la utilidad de otros efectos, especialmente un buen delay configurado para que tu sonido se convierta en gigante. En este artículo os contábamos algunos trucos de delay muy interesantes.
 
El ecualizador
Por último, lo hemos apuntado al hablar de los varios canales de un ampli, pero aquí vamos a centrarnos en una unidad de efectos que no recibe todo el cariño que debería: los pedales ecualizadores. Guitarristas como Tom Morello o Josh Homme seguro que podrían contaros mucho de lo bueno que tienen que ofrecer estos pedales, a veces olvidados, ya que los incorporan por sistema en sus equipos. Su ventaja radica en dos frentes: por un lado, prácticamente todos ofrecen de serie un boost limpio con el que ganar varios, o muchos, decibelios (aplíquese aquí todo lo que comentábamos antes sobre dónde y por qué ubicar un boost limpio). Por otro lado, como su propio nombre indica, presentan varias bandas de ecualización, que nos permitirán esculpir nuestro sonido para ese momento concreto en que lo necesitemos, que bien puede ser, precisamente, un solo, o un arreglo solista determinado. ¡Adopta un pedal ecualizador y lo agradecerás!