USA: 1-800-4GIBSON
Europe: 00+8004GIBSON1
GibsonProductsStoreNews-LifestyleLessonsCommunity24/7 Support
Noticias y Reportajes
Síguenos en
Compartir

Diez consejos para mejorar tus mezclas (Parte 2)

Raúl Barrantes
|
18.04.2013
Diez consejos para mejorar tus mezclas (Parte 1)

Ya afrontamos en otros artículos lo que llamamos el proceloso pero emocionante mundo de la producción musical casera. Aquí te contábamos qué necesitabas para montar tu home studio, y aquí te ofrecíamos unas cuantas recomendaciones para realizar grabaciones en casa. También hemos abordado algunos consejos básicos para el siguiente paso en cualquier producción, ya sea una demo, una maqueta, un EP o todo un álbum: la mezcla. 
 
Pero nos quedaba tanto por contar, que hemos decidido traer otra lista de consejos indispensables para que mezclar sea un poquito más fácil. Recuerda: no existe ninguna receta mágica para lograr la mezcla perfecta. Tal vez porque ésta, en realidad, no existe realmente. Todo depende de los oídos de quien escucha. Pero sí hay unas cuantas consideraciones, y algunas recomendaciones que podemos darte para que el trabajo resulte más sencillo y satisfactorio. Y que todo eso que  has captado durante la grabación se combine en un todo homogéneo, coherente, y que suene endemoniadamente bien. 
 
Mezcla cuando grabes
Hay un dicho bastante común en el mundo del sonido profesional: “Desde que pones el primer micrófono, ya estás mezclando”. No quiere decir esto que necesites tener una colección gargantuesca de micrófonos, pero sí que conozcas qué hace y qué puede ofrecerte cada uno de los que tengas. ¿Qué diferencias hay entre el clásico SM57 y un 421 cuando lo colocas frente a un ampli de guitarra? ¿Qué partes del sonido destaca cada uno? ¿Cómo responden en diferentes posiciones, distancias y ángulos frente al altavoz? Éstas son las preguntas para las que deberías conocer la respuesta, para éstos y todos los micros que tengas a mano, y para los instrumentos que quieras grabar. Esto significa estudiar, hacer pruebas y escuchar. Cuanto mejor sea el material grabado, y más se acerque al sonido que necesita el tema, más fácil será la mezcla.
 
Nada de “se arreglará en mezcla”
Siguiendo con la grabación, evita caer en el clásico error de “esto lo arreglaremos en la mezcla”. Lee de nuevo la última frase del párrafo anterior, y grábatela a fuego. No hay nada más gratificante que comenzar una mezcla, levantar los faders (virtuales o analógicos) y que todo suene bien. A partir de aquí, podrás concentrarte en hacer que el tema suene como un cañón, en lugar de tener que arreglar problemas ocasionados durante la grabación, o intentar conseguir el sonido que realmente necesitas a partir del que no se grabó como se debía. Mejorar en lugar de arreglar debería ser el objetivo de la mezcla.
 
Invierte en acústica
Lo comentábamos por encima en otro artículo, pero insistimos: una de las mejores inversiones que puedes hacer en tu estudio (casero, o no), si no la más importante es tratar acústicamente tu espacio de trabajo. Los mejores monitores pueden ser de poca utilidad si la habitación donde mezclas colorea lo que sale de ellos. No es éste el momento de profundizar en ello, pero existen cientos de libros y sitios de internet donde informarse sobre cuestiones como los modos, las reflexiones tempranas o la difusión. Hazlo, y minimiza los problemas que, seguro, tiene tu sala: coloca trampas para graves, paneles absorbentes o difusores, evita superficies demasiado reflectantes, busca simetría en la disposición de tu estudio... Casi todo puede hacerse de forma casera con un poco de maña. Estudia un poco y ponte manos a la obra. ¡Lo notarás!
 
Invierte en monitores y contrasta tu mezcla
La siguiente inversión en importancia, antes que superficies de control, preamplificadores carísimos, sumadores o una colección de plugins completamente inmanejable, consiste en un buen par de monitores. Necesitas poder fiarte de ellos, y saber que lo que estás escuchando es, en la medida de lo posible, lo que hay. Esto no significa que corras a gastarte miles de euros en un par de altavoces, pero sí, al menos, que asegures un mínimo de calidad. Y que los conozcas muy, my bien.
 
Escucha tu mezcla en todas partes
En cualquier caso, por muy buenos monitores que tengas, siempre es importante que escuches tu mezcla en diferentes lugares: el estéreo de tu casa, en tu coche, con unos auriculares, en el portátil, o con un par de monitores de referencia alternativos. Ten en cuenta que nadie escuchará tu música en las condiciones en que tú lo haces al mezclar. ¡Demonios, de hecho, muchos lo harán directamente en mono! Así que, mientras trabajas, intenta ir escuchando periódicamente en otros altavoces o auriculares y, muy importante, ¡también en mono! Realiza bounces tras cada sesión para escuchar en casa o en el camino de vuelta. Muchos profesionales tienen conectados a su sistema un par de altavoces de consumo. Y otros tantos usan su coche como la referencia definitiva. Si suena bien, es muy probable que el trabajo esté bien hecho.
 
No mezcles con auriculares
Si no tienes más remedio, lo pasaremos por alto (¡cada uno trabajo con lo que tiene!). Pero intenta evitar mezclar monitorizando exclusiva o principalmente con auriculares. Aunque estén especialmente diseñados para el trabajo en estudio. Los auriculares tienen a ofrecer información engañosa sobre cuestiones como el estéreo, además de, por lo general, jugar más o menos con el espectro de frecuencias. ¡Cuidado!
 
Abusa de los filtros
Tal vez sea el mejor consejo que se puede dar para el momento de ponerse manos a la obra con la mezcla (y, por eso, lo repetimos): usa filtros. Muchos. Para casi todo. Un filtro paso alto (HPF) o low cut es un tipo de ecualización que no deja pasar nada por debajo de su frecuencia de corte. Por ejemplo, un HPF en 80 Hz, eliminará todo lo que haya por debajo de esa frecuencia. Su importancia es vital en la mezcla. Por lo general, los graves deberían estar dominados por bombo y bajo: ¿para qué quieres información de graves en otros instrumentos? Lo único que harán será emborronar y enfangar tu mezcla. Guitarras, voces, cajas, overheads, sintes, teclados, cuerdas, vientos... pueden tener contenido en graves, pero no te hace falta. ¡Cárgatelo! Usa filtros por sistema en casi todo en unos 80-100 Hz. Incluso al bombo o bajo puedes quitarle todo por debajo de 30 ó 40 Hz (casi nadie lo oirá, a no ser que estén en una discoteca con altavoces absurdamente grandes). Y a muchos instrumentos y pistas puedes subir el low cut incluso mucho más arriba. Usa tus oídos.
 
Ecualiza en mono
Primero, ten cuidado con la ecualización. Antes de tocar ningún pote o control de una EQ, deberías saber qué estás intentando conseguir. Una vez claro esto, realiza los ajustes monitorizando en mono. ¿Por qué? Porque el estéreo puede engañarte: al tener paneados los instrumentos, ciertas interacciones espectrales pueden pasar desapercibidas. Pero en mono no hay un panorama estéreo en el que esconderse (o, mejor, por el que asomarse): cada instrumento destacará, o no, en función de cómo de bien se lleve su contenido en frecuencias con el resto. Por tanto, usa el mono, pero sin usar el solo. Ecualiza escuchando el conjunto.
 
Limpia y esculpe con la EQ
La ecualización es una de las herramientas más potentes en el trabajo de mezcla, aunque también de las más complicadas de dominar. “Todo lo que necesitas es oídos”, decía George Martin (legendario productor de los Beatles), y no hay nada más cierto. Aprende a escuchar y saber qué estás buscando. Entrena, si hace falta. Así podrás emplear la EQ para, por ejemplo, limpiar tu pista de resonancias propias de una grabación acústica (con filtros muy estrechos, aquí sí, escuchando en solo), una de las primeras cosas que deberías hacer en cualquier mezcla. Y, después, esculpir cada instrumento, dejando huecos para aquéllos con los que entre en conflicto: haz recortes en las frecuencias en que ese otro instrumento debería destacar, de forma que el contenido que realmente no necesitas de cada pista no luche con el resto.
 
Compresores vs. Fader riding
Un compresor es un artilugio que se emplea para equilibrar la dinámica de una señal (el contraste entre su nivel más bajo y más alto). Por tanto, tiene una función determinada (¡y muy útil!) en mezcla. Pero ésta no es necesariamente que algo se escuche más (un error clásico de principiante). Para esto ya existe un fader: ¡úsalo! 
blog comments powered by Disqus