Hablamos aquí hace tiempo de todo lo que necesitabas saber para afrontar tus grabaciones caseras. Desde el equipo necesario hasta algunos trucos de grabación en el hogar para que tus guitarras (y todo lo que les eches) suenen de la mejor forma posible.

Si eres un alumno aplicado, y estamos seguros de que sí, ya habrás comenzado a aplicar todo esto y estarás adentrándote en el proceloso pero emocionante (y adictivo) mundo de la producción musical casera, ya sea creando demos de tus temas o intentando producciones más elaboradas y con un toque más profesional. Ya has grabado y ahora toca afrontar el siguiente paso: la mezcla.
 
Mezclar música no es fácil. No es precisamente ingeniería aeronáutica, vale, pero cuando se trata de darle forma a una pieza musical a partir de un montón de tomas grabadas previamente, y que todo suene bien ensamblado, como un conjunto coherente y sólido, sin problemas para escuchar cada elemento de la canción (es decir, cada instrumento o arreglo que consideres importante) y al mismo tiempo resulte excitante e interesante para el oyente, la cosa se acerca más a un arte poco conocido que a una ciencia exacta. Para empezar, entra en juego un elemento variable... y de qué forma: el oído. No todos escuchamos igual, y no en todos los espacios se escucha lo mismo. A partir de aquí, todo puede complicarse mucho... o muy poco.
 
Como con tu oído no podemos hacer nada, más que recomendarte que lo entrenes, vamos a intentar darte unos cuantos consejos para que todo lo demás, cuando afrontes la mezcla de esos temas que has estado grabando, tengan más de ese “poco” que del “mucho”. Vamos allá:
 
Escucha bien
Has hecho tus grabaciones y recopilado todas las pistas que compondrán tu tema. Lo primero que debes hacer a continuación es escuchar. Escucha todo lo que tienes para hacerte una idea del material que tienes para trabajar. Varias veces, antes de comenzar a mezclar, y haz anotaciones de cualquier cosa que llame tu atención mientras te haces preguntas como: ¿hay elementos peleándose por el mismo espacio sonoro? ¿Se distingue cada cosa que debe sonar? ¿Hay instrumentos que varían demasiado dinámicamente (la diferencia entre el volumen más bajo y el más alto es demasiada) y acaban perdidos en determinados momentos? ¿Cómo suena mi bombo/guitarra/bajo y cómo quiero que suene? ¿Qué falta? ¿Qué sobra?
 
Planifica
Hazlo antes, durante o después de la primera escucha, pero hazlo: planifica cómo quieres que suene el tema. Emplea pistas de referencia de tus discos favoritos, y repite con ellas el primer punto: escucha, analiza, anota. Esto te servirá para tener un mapa de ruta o, al menos, una intención y dirección hacia la que encaminarte cuando empieces a mezclar. Si te gusta cómo suena la batería de un tema y crees que en el tuyo debería sonar así, úsalo de referencia para imitar ese sonido. Pero ten todo esto claro antes de empezar a marear faders y echar plugins sobre tu mezcla.
 
Ten en cuenta el espacio
Nos referimos al lugar donde vas a mezclar. La geometría y materiales de la sala (un estudio o tu dormitorio) afectará a lo que escuches. Tenlo en cuenta a la hora de mezclar, porque puedes encontrarte que, por ejemplo, por culpa de los endemoniados “modos”, desde tu silla de trabajo no escuches los graves, los potencies como si no hubiera mañana, y al escuchar la mezcla en otro lugar, te des cuenta de que es un desastre. Un poco de tratamiento acústico es necesario en casi cada lugar donde se trabaje con audio. Existen muchos manuales y mucha información en internet al respecto, así que bucea un poco. O aprovecha nuevas tecnologías como el KRK Ergo, diseñados para compensar problemas acústicos.
 
Coteja con mixes de referencia
Aunque tu sala esté tratada acústicamente, y muy especialmente si no lo está, realiza periódicamente mixes preliminares de tu mezcla y escúchalos en otros lugares: tu coche, tu reproductor mp3, el equipo hi-fi de tu salón... De este modo, tendrás una idea de qué funciona y qué no funciona. Y, ya de paso, podrás ir conociendo tus altavoces de referencia: si los graves desaparecen en cada sitio diferente en que escuchas tu mezcla, es probable que en tu espacio de trabajo las bajas frecuencias sean demasiado prominentes, y por eso las atenúas en exceso durante la mezcla (aunque debes tener también en cuenta que altavoces como los de tu portátil no pueden reproducir los mismos graves que, pongamos, el subwoofer que tienes en el coche). O, si estos mixes suenan apagados, tal vez tu estudio te entregue demasiado brillo (por los altavoces, por las reflexiones naturales del espacio), y no trabajas como deberías las altas frecuencias.
 
Abusa de los filtros
Los graves y los subgraves tienen una gran energía sonora. Aunque te cueste más escucharlos, están ahí, en cada toma que hayas grabado, y te están haciendo un flaco favor en cuestiones de headroom. Podríamos decir que, al sumarse todos esos graves que apenas percibes, el nivel en decibelios de tu mezcla se dispara, y se acercará peligrosamente a la zona roja del vúmetro. Donde, en el terreno digital, ocurre un tipo de distorsión que no queremos. Además, este exceso de graves tiende a emborronar la mezcla, y que todo suene embarullado, poco nítido y... amateur. Lo primero que deberás hacer en casi todas las pistas (excepto el bombo y el bajo), es aplicar filtros paso alto, que eliminan todo por debajo de la frecuencia de corte. Aplícalos según tu oído, pero piensa que, en general, por debajo de 100 Hz no necesitas nada en voces, guitarras, toms, overheads, etc. Cuanto más agudo sea el instrumento, menos graves necesitas, y más podrás abusar del filtro. Verás como tu mezcla mejora instantáneamente.
 
Resta antes que sumar
Una regla básica: si tienes que ecualizar, resta antes de sumar. En un mundo ideal, tus pistas grabadas deberían necesitar poca o ninguna ecualización (excepto eso filtros de los que acabamos de hablar). Pero la realidad no es ideal, y seguramente necesites tocar la EQ para ir haciendo espacio a los diferentes instrumentos: cada uno necesita ocupar un hueco y algunos (bombo-bajo, guitarras-voces) tienden a pelearse porque se mueven en frecuencias similares. En estos casos, atenúa en las frecuencias en que quieres que otro instrumento sobresalga, en lugar de hacer lo contrario. Tu headroom y nitidez en la mezcla lo agradecerán.
 
La otra cara de este consejo tiene que ver con esa otra máxima que dice “menos es más”. En mezcla, esto es muy cierto, y si algo no funciona, no tengas reparos en eliminarlo. Puede que hayas invertido mucho tiempo en crear y grabar decenas de overdubs geniales, o capas y capas de instrumentos. Pero si al mezclar estorban más que ayudar, saca las tijeras de podar.
 
Respeta la dinámica
Para que un tema resulte interesante para el oyente, deben ocurrir cosas que mantengan su atención. Un elemento en mezcla que contribuirá a ese interés es la dinámica. Esto es, las diferencias de volumen entre las partes más tranquilas y las más pasadas de vueltas. Intenta que exista una buena dinámica en tu tema, en general, pero también en tus instrumentos. No los aplastes con compresores para que estén todo el rato arriba. Deja que respiren, y con ellos respirará tu canción. Esto se aplica también a la mezcla en general: vivimos tiempos en que más volumen parece mejor, pero no caigas en esa tendencia por limitar todo hasta el extremo, buscando el máximo nivel en dBs sin respiro. Un tema que no tiene dinámica resulta soso, pero también agotador para el oyente.
 
Escucha bien, de nuevo, y hazlo bajito
¿Nos repetimos? Puede ser, pero mientras mezclas, lo más importante, más que saber manejar cada control de un plugin, o tener cientos de ellos entre los que perderte, es saber escuchar. Coteja cada proceso que apliques a una pista o el tema, asegúrate de que cada cambio aporta algo y la mezcla suena mejor tras hacerlo, y de cuando en cuando, escucha el tema al completo para tener una visión global de qué estás haciendo. Y ya puestos, no caigas en el error de mezclar con el volumen a todo trapo: no es solo que tus oídos se fatigarán antes, sino que con el volumen arriba todo parece sonar mejor, y te resultará más difícil encontrar los problemas reales de tu mezcla. Escúchala a un volumen de conversación, y asegúrate de que así se distingue todo lo importante. Si a ese nivel se oye bien, te aseguramos que cuando lo pongas al once, se oirá espectacular.
 
Descansa a menudo
Hablando de fatiga, toma descansos periódicos mientras mezcles. Los oídos se cansan, y la visión que nos ofrecen cuando esto ocurre se distorsiona. Intenta descansar entre 5 y 10 minutos cada hora o dos horas, máximo, de trabajo de mezcla. Y hazlo en un sitio sin ruido: deja que tus oídos se relajen, se descompriman, como dicen muchos ingenieros musicales, y vuelvan a su estado de forma ideal.
 
Un poco de humanidad
La tecnología actual nos ofrece muchas herramientas para corregir lo que los músicos a veces no hacen tan bien: podemos cambiar la afinación de un cantante, arreglar una batería no tocada a tempo... Esto está muy bien, pero no abuses. Recuerda que parte de la gracia del rock está en los fallos, en las cosas que, con el libro en la mano, no están bien. ¡Ahí está la distorsión para confirmarlo! Con la interpretación pasa lo mismo: los humanos, en general, no queremos una batería que parezca tocada por un robot. Así que, si tienes que arreglar cosas, no abuses. Deja margen para el error. Para lo humano. Para la emoción.