La Red está llena de grandes consejos para los que tocamos la guitarra. Y queremos pensar que en esta misma página web, que con tanto cariño hacemos para vosotros, ofrecemos de vez en cuando unos cuantos que os son realmente de utilidad. Que os enseñan algo nuevo o que, en un momento de claridad, pueden llegar a haceros pensar sobre vuestra posición como guitarristas. Y de eso trata un poco el tema esta vez: de pensar.
 
No vamos a hablar de técnicas concretas, ni a daros la fórmula mágica para dominar ese solo que se os resiste, o aprenderos una escala exótica en tiempo récord. No. Lo que os traemos hoy son simples reflexiones. Algunas pautas que, creemos, a la larga os harán ser mejores guitarristas. A nivel personal, por supuesto, pero también de cara a la galería. Porque, lo creas o no - si eres de los que siguen practicando en al comodidad de tu habitación -, tarde o temprano tendrás que salir ahí fuera. Y todo lo que te definirá no está solo en lo que pueden hacer tus manos. Ser un gran guitarristas es también un estado mental. Y tener bien claras estas bases te acercarán un poquito más a él.
 
 
No seas imbécil
¿Empezamos fuerte? Tal vez. Pero todo el que vaya a dedicarse a tocar con más gente, es decir, en una banda, debería grabarse esta máxima a fuego. Porque, demonios, a nadie le gusta tocar con un imbécil. Da igual si se trata del mejor guitarrista sobre la faz de la Tierra, o el próximo gran revolucionador del instrumento. O simplemente un tipo con un talentazo. Si a nivel personal es un estúpido, todo lo demás dará igual.
 
Esto significa que no hay que ir de listo por la vida. Ni intentar imponer tu criterio porque sabes más que los demás. En resumen, dejar a un lado la noción de que uno está un par de peldaños por encima del resto. Porque en el 90% de las ocasiones, no lo estarás. Y aún así, sinceramente, nadie es irreemplazable. Mucho menos un generador de mal rollo. La música debe ser algo orgánico, compartido y disfrutable. Si te comportas como un imbécil, lo más probable es que te muestren rápidamente la puerta de salida. Y con razón.
 
El feeling va antes que la técnica
Habrá quien nos discuta esta sentencia tan tajante, pero aquí creemos firmemente en ella. Y la historia del rock nos da la razón. Piensa en cuántos clásicos considerarías imprescindibles en tu lista de reproducción, y cuántos de ellos exhiben realmente muchas florituras técnicas. Pocos, ¿verdad? Al final del día, es mucho más importante desarrollar un gran feeling tocando que ser capaz de realizar sweep pickings from hell con una mano a la espalda. Esto es, ser capaz de acoplarte perfectamente al ritmo y el tempo de una canción, tocar con pasión y gusto, y hacer que una serie de notas y acordes tenga vida propia y exprese algo. Que tengan groove. Lo demás son adornos que tienen poco sentido si esto no se logra antes.
 
Antes de tocar, hay que escuchar
Esto vale para todo: tanto para tocar en directo, para aportar algo a un tema durante la composición, o a tu trayectoria general. Algo que me hace mucha gracia (por decir algo) de esos programas de jóvenes talentos vocales, es que todos quieren ser cantantes, profesionales del mundo de la música, pero, en el 90% de los casos, ninguno conoce a grupos o artistas tan famosos que el hecho de que ni tan siquiera te suenen debería dar vergüenza. La razón es evidente: no han escuchado música. Y cuando uno ama la música tanto como para agarrar un instrumento, o un micrófono, lo primero que debería hacer (lo que cualquiera esperaría que hubiera hecho) es escuchar música como si no hubiera un mañana.
 
Esto no solo te preparará culturalmente – que nunca está demás –, sino que te dará una base necesaria sobre la que construir tu propio estilo. Pero vamos más allá: cuando estés en plena faena, también tienes que escuchar antes de tocar. Escucha a tus compañeros, escucha lo que hacen, escucha bien la armonía del tema, escucha la melodía, y escucha bien lo que tocas. Solo de esta forma podrás aportar lo que realmente pide el momento.
 
Practice, man, practice
Tanto si quieres llegar al Carnegie Hall, como al garito de rock de tu ciudad. ¿Recuerdas lo de no pensar que estás por encima de los demás? Esto tiene mucho que ver. Porque puedes creer que tienes un talento inenarrable, pero conseguirás pocas cosas si no practicas. No esperes que la excelencia (esa palabra tan de moda) llegue a ti por arte de magia. El único camino posible es la práctica: ensaya los temas de tu banda hasta que casi se toquen solos, repasas tus escalas hasta visualizarlas en el mástil sin pensar, y hasta que las puedas tararear en tu cabeza con precisión. Llega siempre a tu local de ensayo o tu concierto con los deberes hechos, y la recompensa estará cada vez un poquito más cerca.
 
Tocar con gente mejor que tú, te hará mejor guitarrista
No podemos negar que los guitarristas somos gente con ego. Y que destacar en una formación es algo que, para qué nos vamos a engañar, sienta bien. Pero nos hacemos un flaco favor si esta debilidad tan humana nos domina. Nunca olvides que tocando con gente mejor que tú, te pondrás al límite y descubrirás algo nuevo cada día. Sé humilde y aprovecha cada oportunidad que tengas de aprender de los mejores.
 
Toca para la canción, no para lucirte
Olvida tus ganas de lucirte. Olvida la necesidad de revolucionar. Olvida ese impulso por destacar. Y, hasta cierto punto, olvida todo lo que sabes. Cuando estás tocando una canción, ella es la que manda. Y tú tienes que, recuerda, escuchar. Escuchar lo que dice o lo que quiere decir. Tu labor debería ser, simplemente, aportar las palabras que puedan faltar para formar ese lenguaje maravilloso que es la música y una canción.  Por supuesto que deberías intentar que lo diga de la forma más bonita posible, o impactante, o interesante. Pero no la conviertas en un galimatías forzando la maquinaria. Y mucho menos si lo que intentas es pasarte de listo...
 
Tu sonido es parte de tu personalidad
Está muy bien lanzarse a una caza desenfrenada del equipo perfecto. Y está muy bien también intentar copiar los sonidos de tus guitarristas favoritos. Porque es divertido, y porque se aprende mucho por el camino. Pero en última instancia, fíjate que, precisamente nuestros artistas de cabecera, suelen sonar siempre como ellos mismos independientemente del equipo con el que toquen. Esto tiene mucho que ver también con el cómo tocan, más que con el qué. Así que ponte las pilas, no te pierdas en un bosque de efectos y cachivaches, y preocúpate por encontrar tu voz con la guitarra. Si es solo con una guitarra y un cable, mejor. Lo demás será solo la guinda del pastel.
 
Machaca las pentatónicas
Me atrevería a decir que al menos el 80% de la música pop y rock moderna está basada de algún modo en una pentatónica, ya sea la mayor o la menor. O, cuando menos, que una de ellas puede sacarte de un apuro o, más aún, hacerte quedar como un auténtico guitar hero si recurres a ellas con soltura y conocimiento. Así que aprovecha tus horas de práctica y machácalas hasta que formen parte de tu naturaleza. Lo agradecerás.
 
Replica melodías
Es un gran ejercicio del que podrás sacar provecho en muchos frentes: intenta tocar cada melodía que escuches. Lo que canta tu vocalista, ese jingle de la tele, el riff del nuevo tema de grupo favorito, esa tonadilla que escuchaste en un ascensor. Cuantas más mejor. Esto te permitirá desarrollar tu oído, por un lado, pero también un sexto sentido que mejorará tu fraseo. Además de echarte al bolsillo un montón de licks que de alguna forma podrá reciclar, consciente o inconscientemente, cuando toques tu propia música.
 
Saber algo de música... ¡está bien!
Dejémonos de poses y hablemos claro: si hacemos música, es que de algún modo somos músicos. Y eso implica saber de música. Obvio, ¿no? Pues no todo el mundo lo tiene tan claro, por impostura o por desconocimiento. Pero aprender aunque sean las bases del lenguaje musical no solo facilitará la comunicación dentro del grupo (llamar a los acordes por su nombre, y dejar de hablar de “la cuerda gorda” o “el traste cinco”), sino que te dará unas cuantas herramientas para mejorar tu técnica y tu capacidad compositiva. Por ejemplo, conocer la estructura clásica de blues, saber qué es un intervalo y empezar a reconocer los que existen, etc.