No es fácil componer temas. Los que somos guitarristas o bajistas, podemos tener mayor o menor facilidad para dar con riffs potentes, o hilvanar una serie de acordes que creen una armonía interesante. O incluso construir melodías con nuestros instrumentos. Pero eso no significa que sepamos, necesariamente, construir canciones.
 
Para empezar porque, generalmente, una canción no acaba de estar completa sin su letra. O, al menos, si su melodía de voz con cierto gancho. Pero, más allá del aspecto lírico, saber tocar un instrumento no se traduce sistemática en saber componer. Existen miles de grandísimos intérpretes que, a pesar de saber expresarse como nadie con su guitarra, no acaban de tener ese no-sé-qué que permite aunarlo todo en una canción completa.
 
Si te encuentras en esa tesitura, tal vez estos pequeños ejercicios y buenas costumbres te ayudarán a dar ese salto y convertirte en todo un compositor:
 
Escucha a grandes compositores... ¡críticamente!
Si para ser un gran guitarrista, hay que escuchar a grandes guitarristas y empaparse bien de sus artes, aquí empezamos por el mismo lugar: escuchar a grandes creadores de canciones. Pero escuchar con atención, e incluso tomar notas es un ejercicio muy útil que muchas veces se convierte directamente en revelador. La cosa trata de detectar pautas, fijarse bien en las partes de un tema y entender cómo se relacionan unas con otras, qué funciones cumplen, cuándo se crea tensión y cómo, y de qué manera se resuelve. Porque el 90% de las canciones tienen que ver, musicalmente, pero también líricamente, con tensiones creadas y resueltas.
 
Presta también atención a cómo se articulan las letras en torno a la música. En definitiva, aparca durante un rato las emociones – algo que siempre es difícil cuando se escucha música que a uno le gusta y le mueve -, y presta atención de forma crítica y analítica.
 
Escribe una pequeña historia
Si se te atraganta lo de escribir letras, éste es un ejercicio que te puede resultar útil. Escribe una historia corta, déjala reposar, y, más adelante, revísala, subrayando las palabras o frases clave en las que se cimenta la trama, o lo que quieras contar. Son ésas las que tendrás que reciclar en forma de versos para tu tema. Juega con ellas para encajarlas en la melodía de tu canción, ¡y todo listo!
 
Plantéate desafíos
Por ejemplo, componer un tema cada día durante una semana. O un tema cada semana durante un mes. Pero temas completos: al acabar el día, o la semana, la canción debería estar lista para ser grabada, aunque solo sea en forma de demo, con todas sus partes bien claras y definidas, su letra compuesta, y los arreglos principales decididos. Ponerte a ti mismo este tipo de limitaciones y trabajar bajo cierta presión te ayudará a perfeccionar tus dotes como compositor. Y nunca, nunca, dejes de componer. Solo con la práctica mejorarás en este esquivo arte de la composición musical, que debería convertirse para ti en una costumbre casi diaria. Como ponerse un café por las mañanas: ¿nos hacemos un temita antes de desayunar?
 
Lee poesía
Una canción no siempre pretende contar una historia. En muchas ocasiones, las grandes composiciones no ofrecen líricamente ningún tipo de narración, sino una serie de imágenes, impresiones, emociones. Si esto es lo que te interesa como compositor, empápate de los grandes poetas de nuestro tiempo. Descubrirás que los poemas también se basan en el ritmo, aunque no tengan detrás una banda sonora. Pero sobre todo empápate de la forma de expresar sentimientos, de los juegos de palabras y las figuras retóricas, de cómo imprime cierto groove – sí, también en letra escrita – la repetición de palabras, frases o, simplemente, fonemas. No te encierres en tu mundo musical, y busca la inspiración un poco más allá.
 
Haz juegos de rimas
Otro pequeño desafío: elige una palabra, y busca todas las rimas posibles. Intenta descartar las fáciles y evidentes. Ésas que cuando las escuchas en un tema te hacen pensar que el letrista ha sido un poco vaguete. Fuerza un poco la máquina e intenta ser imaginativo a la hora de construir rimas. Y si lo encuentras necesario, haz un poco de trampa y emplea alguno de los muchos diccionarios de rimas que encontrarás en internet o en ediciones impresas. Piensa, además, que muchas veces una rima improbable o encontrada al azar puede llevar tu letra por caminos que no esperabas...
 
Pero tampoco te obsesiones con la rima
No todos los versos (ni tan siquiera si hablamos estrictamente de poesía) tienen por qué rimar entre sí. Estudia a grandes compositores – de nuevo - y fíjate en qué esquemas de rimas usan, qué figuras emplean. Te sorprenderá darte cuenta de cuántas veces se prescinde de rimar, y lo poderosas que pueden ser las letras aunque no lo hagan. Precisamente, a veces, por el contraste, uno de esos conceptos que tienes que grabarte a fuego si quieres componer.
 
Escucha a Bob Dylan
Siempre se ha dicho que Hendrix llevaba consigo en todo momento un cancionero de Bob Dylan. Y el cantautor americano era una referencia de tal calibre para el que sigue siendo considerado como el mejor guitarrista de todos los tiempos, ¿por qué no va a serlo para ti? Así que, ya que retomábamos hace unas líneas aquello de “escucha a grandes compositores”, date la oportunidad de hacerlo con uno de los mejores.
 
Canta tus letras en voz alta
Muchas veces, nuestra mente encaja lo que queremos decir o cantar mucho mejor de lo que en realidad ocurrirá cuando lancemos esos versos de viva voz. Es un curioso fenómeno en el que tararear mentalmente distorsiona la métrica real. Para evitarlo, canta siempre tus letras en voz alta mientras las escribes. Vence la vergüenza, si es que la tienes: a fin de cuentas, nadie te escucha. Es la única forma en que podrás comprobar si lo que te está dictando la inspiración tendrá sentido sobre la melodía de tu canción o se revelará como un trabalenguas impronunciable.
 
Piensa armónica y melódicamente
Como guitarristas, tendemos a pensar mucho en el riff y en el solo. Pero, si lo que quieres es componer canciones completas, deberías dar un salto, o tal vez un paso atrás, y empezar a fijarte un poco más en la armonía – el armazón de la canción – y las melodías. En realidad, como músicos tenemos un arma inigualable para construir canciones: nuestro instrumento, claro. Emplea acordes abiertos para cantar por encima, aunque luego esos acordes no se vayan a tocar, y sean sustituidos por un riff (porque éste también se apoya en una base armónica). Y si te cuesta cantar, usa la guitarra para construir melodías sencillas que puedas replicar con la voz. Eso sí, aguanta los caballos y no te pongas en plan solista lanzando figuras enrevesadas: no estás haciendo un solo (aunque muchos de los grandes solos de la historia del rock son perfectamente cantables, vaya).
 
Mírate al espejo
No, no literalmente. Nos referimos a lo siguiente: ¿cuántos de tus temas favoritos cuentan, en el fondo, algo muy personal sobre la persona que los compuso? A la hora de componer, tú puedes, y seguramente debes, ser la principal fuente de inspiración. No tengas miedo de escarbar: aprovecha la música para expiar demonios. Cuando tiramos de nuestras propias emociones y experiencias sin reparos ni vergüenzas, es más fácil acabar expresando algo que trascienda lo concreto y personal. La historia del rock y el pop está llena de grandes ejemplos. Y no nos referimos solo a las letras: eres músico, así que canaliza esos estados de ánimo, recuerdos o lo que sea que tienes dentro hacia tu instrumento, y que éste los refleje musicalmente. Mírate al espejo de forma valiente, y que el reflejo te inspire tanto las letras como los acordes y las melodías.