Quienes creen que esta actividad que nos trae a todos de cabeza, a los de este lado de la web y los que nos leéis asiduamente, no tiene un algo de ejercicio gimnástico está muy equivocado. Hablamos de tocar la guitarra, claro. Y algo que evidencia el enorme error de quien piensa de ese modo se puede resumir en una palabra: cejilla. Sin duda alguna, uno de los grandes retos del guitarrista principiante – y aún del curtido en mil y un conciertos, la verdad – se encuentra en esos acordes de cejilla (barre chords, que dicen los anglosajones) que tan simpáticamente tienden a agarrotar manos y hacernos lanzar sucias maldiciones. Por eso precisamente, esos curtidos guitarristas suelen encontrar posiciones alternativas para esos acordes en las que un dedo tieso apuntando al cielo no es condición sine qua non...

Pero la cejilla es probablemente, por lo evidente, solo la punta del iceberg. Realizar bien un bending tiene mucho que ver con el estado de forma de nuestra mano y nuestros dedos, especialmente en guitarras my duras (con mucha tensión). Y, en definitiva, largos punteados, riffs complicados y, qué demonios, largas sesiones de ensayo, práctica o directo exigen que nuestros dedos sean fuertes y ágiles. Como cualquier otra actividad física intensa, el tocar la guitarra (que lo es) somete a nuestras extremidades superiores a una tensión importante. Y no es que sea necesario ir al gimnasio, pero sí desarrollar y cuidar nuestras herramientas más preciadas, con el permiso de nuestros oídos, como guitarristas.

Rutina de calentamiento
Lo comentábamos en un artículo anterior dedicado a cómo debería estructurarse tu práctica diaria con la guitarra: la primera parte debería basarse en, primero, calentamiento y, segundo, ejercicios dirigidos a mejorar tu técnica físicamente. Es decir, tu estado de forma. Ambas cosas no tienen por qué ser muy diferentes, pero sí es cierto que los ejercicios de calentamiento estarán dirigidos a hacer entrar en calor a tus manos, mientras que los siguientes irán subiendo de intensidad.

Por ejemplo, un método fácil para calentar al mismo tiempo que vas ejercitando tus dedos sería algo tan sencillo como...



Se trata de un simple ejercicio de ascensión cromática. Da igual en qué posición del mástil lo ejecutes, la numeración se refiere más a cada uno de los cuatro dedos que al traste en el que debes pisar (el 1 es el índice y el 4 el meñique). Al principio te resultará más cómodo en la parte alta del diapasón, y luego podrás ir bajando hacia trastes más anchos. Pero es importante que toques cada nota claramente, y siguiendo el tempo que hayas elegido: puedes tocar a negras o a corcheas, empezando por tempos lentos para afianzarlo y luego ir subiendo progresivamente la velocidad hasta donde puedas ejecutarlo con absoluta precisión. Cada varios días alcanzarás un nivel de bpm algo mayor, tenlo por seguro.

Es también importante que alternes ataques de púa hacia arriba y hacia abajo (como indica la partitura), y así irás perfeccionando también tu técnica de púa alterna, algo esencial para cualquier guitarrista. Un poco de palm-mute te ayudará a su vez a controlar el sonido.

Por otro lado, te resultará útil practicar este ejercicio de calentamiento de forma simplificada por parejas de dedos. Tal que así:



Una buena forma de ir independizando cada dedo al mismo tiempo que cogemos tono. Practícalo con cada pareja de dedos: 1-2, 1-3, 1-4, 2-3, 2-4 y 3-4.


Gimnasio digital
Una vez entrado en calor, puedes probar con un ejercicio de ligados:



Aquí debes atacar con la púa tan solo una vez, en la primera nota (como puedes ver en la imagen), y luego ligar (hammer-on) cada una de las siguientes con los diferentes dedos de la mano. Cuando llegues al meñique, vuelve a atacar con la púa y haz el ligado a la inversa (pull-off), para lo que es recomendable colocar los cuatro dedos en su sitio antes de tocar la primera nota. De nuevo, intenta seguir un tempo marcado por el metrónomo, lento al principio, y más rápido después. De esta forma irás fortaleciendo e independizando tus dedos progresivamente, y poco a poco tus notas sonarán nítidas tan solo pisando con la mano del diapasón. Te aseguramos que notarás los resultados antes de lo que te puedes imaginar.

Tras esto, emplea también unos minutos (dependiendo de tu tiempo de práctica) en realizar algún ejercicio basado en escalas. Por ejemplo, éste partiendo de la escala mayor de Do (C):



De forma similar al primer ejercicio de calentamiento (aunque aquí la partitura sí indica los trastes donde hay que pisar), éste deberás ejecutarlo con precisión y absoluta nitidez en cada nota. Por ello, de nuevo, márcate tempos lentos al principio, y ve subiendo progresivamente durante la misma práctica y cada varios días. El ejercicio está planteado con figuras encadenadas de tres notas cada una, que te obligan a emplear diferentes dedos cada vez: fíjate al principio de cada nuevo grupo de tres notas consecutivas, y verás unos números del uno al cuatro que indican la digitación que debes emplear (el 1 es el índice y el 4 el meñique, ya sabes). Síguela a rajatabla y emplea púa alterna y un poco de palm-mute si lo necesitas. Además de ejercitar tu mano, ejercicios de este tipo te permitirán ir interiorizando la escala en que se basan.

El rompededos
Aunque a nosotros nos gusta llamarle así, tiene otros nombres. La araña, por ejemplo. Es un ejercicio exigente con tus dedos, y debes practicarlo muy poco a poco, siempre tras haber entrado en calor, y procurando no forzar demasiado los músculos de tu mano. A pesar del nombre, es una gran forma de fortalecer e independizar tus dedos, pero para ello debes, insistimos, ir poco a poco (¡olvídate del metrónomo hasta que lo domines!) y, muy importante, prestar total atención a lo que estás haciendo. El rompededos tiene varias encarnaciones, por ejemplo:



La idea, como puedes ver, es obligar a la mano a digitaciones muy poco naturales, a las que no está nada acostumbrada. Para ello debes seguir esa tablatura pero, ojo, cada nota que pises debe quedarse pulsada mientras pisas la siguiente: es decir, cada dedo que toque un traste debe quedarse ahí hasta que le toque moverse de nuevo. Al principio te parecerá un infierno, ya que los dedos no querrán ir donde deben hacerlo o, directamente, se negarán a moverse. Pero poco a poco irán obedeciendo, y los frutos que puedes cosechar a largo plazo compensan el muro de frustración contra el que uno parece darse cabezazos mientras lo practica. Y si notas que la mano no tira, sino que duele... ¡descansa!