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Entrenando el oído: reconocer intervalos

Raúl Barrantes
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29.04.2014
Cuando a uno le piden consejo sobre cómo dar los primeros pasos en el mundo de la guitarra, nunca se dice lo suficiente sobre la importancia de entrenar el oído. En estos tiempos que corren, en pleno arranque del siglo XXI, aprenderse los temas de tu grupo o grupos favoritos es relativamente sencillo en términos de accesibilidad: solo hace falta tirar de Google y uno acaba encontrando más pronto que tarde unas cuantas partituras de casi cualquier tema (la calidad de las mismas es otra materia a discutir, pero bueno...).
 
Hace años esto no era así, ni mucho menos: o se tenía el dinero para invertir en caros libros de partituras y tablaturas (suponiendo que hubiera alguna publicación en el mercado con el repertorio de tu banda de interés), o sacaba uno los temas a la antigua usanza... empleando el oído.
 
Puede parecer un ejercicio de nostalgia miope o una cosa como muy de abuelo (“en mis tiempos sí se hacían las cosas bien...”), pero, en el fondo, en algunos aspectos nos encontramos en uno de esos casos en que la tecnología puede jugar en nuestra contra. Porque acostumbrarnos desde bien temprano a aprender canciones usando únicamente nuestro oído es, seguramente, una de las decisiones más beneficiosas que podemos tomar en nuestro desarrollo como guitarristas. Las tablaturas y partituras son sin duda un apoyo indispensable en muchos casos, pero carecer de ellas nos fuerza a entrenar nuestro órgano más importante como músicos, el oído, y lograr una compresión mayor de nuestro sistema musical (el occidental, con sus 12 notas).
 
Puedes empezar, simplemente, aprendiendo a tararear los temas que quieras conocer a la guitarra. Cantar un riff, un lick o un solo, ayuda a interiorizarlo y comprender mejor cómo se desarrolla sobre el mástil de la guitarra. Y, al revés, dominar un riff a la guitarra y luego aprender a tararearlo enseña al subconsciente unas cuantas cosas realmente útiles sobre ritmo y melodía de las que a veces no somos del todo conscientes (por eso aquello de “sub”, vaya). Por ejemplo, la distancia que separa a cada nota de la siguiente. Es decir, los intervalos.
 
Aquí está una de las claves de los beneficios de usar el oído: ser capaces, a través del entrenamiento, de distinguir cuántos semi-tonos separan a una nota de otra. Hay gente que llega a este mundo con una facilidad innata para esto, pero el resto tenemos que ejercitarlo. Y las puertas que abre esta facultad son innumerables: para aprender temas, para componer, para tocar con otra gente, para improvisar, para comprender el mástil... Es, en cualquier caso, una habilidad un poco esquiva si no se cuenta con unas cuantas líneas a seguir para entrenarla. Así que aquí os dejamos algunos de los intervalos más importantes (con su equivalencia en trastes de guitarra) y cómo puedes aprender a reconocerlos.
 
Medio tono (un traste)
También conocido como segunda menor, es el intervalo entre dos notas separadas por un solo semitono. Tiene un timbre especialmente amenazante, poderoso y tenso, que ejemplifica perfectamente el tema con el que aprenderás a reconocerlo al instante: el principal de la banda sonora de Tiburón (Jaws)... Es también la base de muchos riffs de metal y de stoner. Sin duda, uno de los favoritos de guitarristas como, por ejemplo, Dave Mustaine (Symphony of Destruction) o Josh Homme (Avon).
 
Tono completo (dos trastes)
O lo que es lo mismo, la segunda mayor. Bueno, musicalmente no siempre es estrictamente una segunda mayor, pero no vamos a ponernos especialmente tiquismiquis, que lo que queremos entrenar ahora mismo es el oído, no el área de nuestro cerebro encargada de la teoría musical. Tiene un timbre un poco más “de transición”, con menos peso armónico. Lo que no le resta necesariamente energía: solo hay que escuchar el riff de apertura de For Whom The Bell Tolls, de Metallica, para comprobarlo. O los dos primeros acordes del clásico Sunshine of Your Love de Cream.
 
Tono y medio (tres trastes)
La cantidad de temas de rock, blues y metal que se basan de algún modo en este intervalo es, simplemente, abrumadora. La tercera menor es como se llama a este intervalo de tres semitonos, y es, en el fondo y de algún modo, uno de los pilares de los géneros derivados del blues. Escucha los dos primeros acordes de Smoke on the Water y ahí tienes una tercera menor (el siguiente intervalo es una segunda mayor, por cierto, y después aparece una segunda menor...). O los dos primeros acordes de Iron Man, de Black Sabbath. O los dos primeros intervalos del Whole Lotta Love de Led Zeppelin. O....
 
Dos tonos y medio (cinco trastes)
También conocido como cuarta justa, es el intervalo entre dos notas separadas por cinco semitonos. Y es otro de los pilares del rock y, demonios, la guitarra. Es precisamente el que separa a cada cuerda de la guitarra (excepto entre la segunda y la tercera cuerdas), y es uno de los intervalos principales de la progresión clásica de blues, en la que se basa buena parte de la música rock posterior. Escucha los dos primeros acordes de Wild Thing o el Smells Like Teen Spirit de Nirvana, y ahí lo tienes.
 
Tres tonos y medio (siete trastes)
O siete semitonos, como prefieras. Es decir, la quinta justa. Es decir, el otro intervalo clave de la progresión de blues (pequeño recordatorio: I – IV – V). Es decir, la “otra” nota en un power chord (acorde de quinta, vaya). Pocos intervalos habrás escuchado más veces.

 
Bola extra: tres tonos completos (seis trastes)
Hemos hablado de este intervalo proscrito unas cuantas veces ya. Es el llamado tritono, diábolus in música en otros tiempos, y carece de grado (no es ni cuarta, ni quinta) porque era un intervalo prohibido durante siglos. Solo hay que tocarlo para entender por qué. Y comprender por qué también es condición sine qua non en temas como Black Sabbath de, ejem, Black Sabbath.
 

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