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Entrevista Gibson: Juan Pablo Vega

04.08.2014

Los créditos de Juan Pablo Vega como compositor, arreglista, productor y cantante son extensos a pesar de su juventud. Su música ya hace parte del repertorio de una serie de estrellas mundiales, sus canciones son su esencia y tesoro más preciado. Pero en esta ocasión indagamos un poco más y descubrimos que tiene un gran amor por sus guitarras, en particular una Gibson y una Epiphone.

Desde su estudio en Bogotá (Colombia) hablamos con él sobre el origen de los instrumentos y la importancia que han tenido a lo largo de su naciente pero muy fructífera carrera.

Cuéntanos de las guitarras que tienes…
Dos de mis guitarras favoritas, con las que viajo, toco en vivo y grabo son mi Les Paul Studio y mi Epiphone ES-295.

Háblanos de la Epiphone…
Esta guitarra tiene una historia fascinante. Debo admitir que parte del matrimonio de un guitarrista con su instrumento tiene un aspecto de estética que se complementa obviamente con el sonido que quieres buscar o sacar de la guitarra. Cuando la vi andaba en una época que estaba oyendo jazz, canciones clásicas de rockabilly, blues etc. La vi en una tienda de Bogotá y fue amor a primera vista. La sentí única, me encantó el cuerpo y el sonido es algo que ya hace parte de mi propio sonido. Además estéticamente es muy linda, el color, los adornos en el pickguard, el sonido y color de los micrófonos y por supuesto el Bigsby que tiene su propia ciencia. Para mi es el más lindo de toda la serie de vibratos y trémolos que existen. En algunas canciones puedes tocar con acordes abiertos y con ciertos movimientos al Bigsby estas creando notas muy lindas. Tiene un sistema de resorte que te permite jugar con combinaciones y colores de sonido que es difícil encontrar en otras guitarras. Te da color, un toque especial al acorde. Es una de las guitarras que más uso en los shows porque es versátil. En una canción en particular “Ahora que vas a dejarme” se ha convertido en el complemento perfecto.

Y es en realidad un modelo histórico…
Sí, luego de que la compré comencé a investigar más sobre ella y descubrí muchas historias bonitas alrededor de esta guitarra. Por ejemplo, es una reproducción al estilo Epiphone de la Gibson ES-295 que usaba Scotty Moore, el guitarrista original de Elvis Presley. El grabó muchísimas canciones de Elvis con esa guitarra, es parte de la historia del rock mundial y no solo con Elvis sino con el catálogo de Sun Records, pues Scooty era uno de los guitarristas de sesión más respetados de la época y de quienes muchos consideran el artífice de un sonido y una técnica especial.

Es una guitarra muy completa por lo que se dice de quienes la conocen bien…
Si, demasiado. Olvidémonos de la historia por un segundo – que no es cualquier cosa – y si hablamos de su sonido es una guitarra muy versátil. Ya hablé del Bigsby, puedes tener tonos altos, medios, bajos, encierra mucha sonoridad. Su cuerpo grande y tipo Archtop da un tono muy particular. Además las pastillas P-90 son muy cálidas, y por eso es que logras sonidos jazz, blues, rockabily con gran precisión. Además la siento única porque no está disponible en el catálogo actual de Epiphone

¿Comparada con una Gibson tipo semi-hollow como sientes tu Epiphone?
Pues he tocado la Gibson 335 que es una máquina completa de sonidos increíbles. Tonos, sustain, estabilidad, seguridad. Suelen ser más pesadas y quizás más precisas. Pero las Epiphone tienen mucha magia. No en vano hay modelos como la Casino, la Sheratton, la Joe Pass que tienen tanta historia, tantos discos grabados. Y guitarristas que han logrado tanta variedad de sonidos y tonos, desde John Lennon, pasando por Noel Gallagher, Keith Richards o guitarristas más recientes como Ezra Koering de Vampire Weekend, Gary Clark Jr. o Nick Valensi de The Strokes, todos con sonidos, géneros y una gran variedad de recursos sonoros, todos que han nacido en una guitarra hueca o semi-hueca Epiphone.

Ahora hablemos de tu Gibson Les Paul Studio…
Para empezar debo decir que desde muy muy chico tenía una fascinación especial por la Gibson Les Paul. Tengo recuerdos muy vagos pero claros de un concierto de Guns N’ Roses que hicieron en Tokio y veía como Slash cambiaba y cambiaba de Les Paul entre canción y canción. Goldtop, Sunburst, double-neck, lemon burst, etc. Todos los colores... primer recuerdo estético. Y esas primeras influencias de grupos como Metallica, Guns N’ Roses me hicieron fijarme mucho en la guitarra, en especial en la Les Paul. Era la guitarra de mis sueños. Con otras aprendí a tocar esas canciones de la época, me encerraba en mi cuarto y tocaba y tocaba hasta que las podía sacar perfectas e iguales. Fui creciendo, seguía oyendo otros géneros, no podía faltar en mi casa los Beatles, el rock argentino, etc, el jazz y cuando estaba terminando la secundaria y comenzando la universidad empecé una etapa en la que tocaba en bares covers, la chisga, como le decimos en Colombia (risas). Con el pago de esos toques comencé a ahorrar religiosamente. El dinero que reunía iba sagradamente a una alcancía porque mi objetivo era comprarme una Les Paul.

Foto: Andres Alvarado

¿Y cuándo llegó finalmente la oportunidad de comprarla?
Hace como siete años un amigo, que sabía que ese era uno de mis objetivos, me dijo que en una compra venta de una zona muy segura en Bogotá había visto una Gibson Les Paul. No supo decirme la referencia exacta, solo el lugar. Fui al siguiente día, efectivamente el barrio no era el mejor y ahí estaba frente a la guitarra. Al comienzo un poco ‘decepcionado’ por el color, porque era en acabado madera natural como cherry y en mi cabeza pensaba que era una Sunburst o por qué no una Goldtop. Pero estaba en muy buen estado, al menos eso se veía a través de los inmensos vidrios de seguridad. No es muy común poder probar instrumentos en esta clase de lugares así que luego de convencer al encargado sacó la guitarra y ahí estaba muy cerca de la avenida, donde solo pasaban buses con un amplificador Marshall muy pequeño haciendo la “prueba de sonido”. No lo dudé un segundo y la compré usando los ahorros de más de dos años de trabajo intenso y de tocar muchísimos covers en bares.

Y es una de las favoritas…
Es muy difícil expresarlo en palabras. Hace parte de mi sonido, de mis canciones, de mi disco. Le ha dado un valor vital a lo que he grabado. Quizás solo entienda yo lo que digo, pero quizás hay guitarristas allá afuera que se identifiquen con lo que digo al tratar de explicar que hace parte de tu sonido.
Me gusta mucho, tiene la madera gastada, tiene marcas de calle, ha paseado mucho, ha estado en muchos escenarios y estudios. He intentado con otras guitarras pero es junto con mi ‘Epi’ mis instrumentos preferidos.

¿Y cuál es esa próxima guitarra que quieres tener?
Me gustaría explorar con otro tipo de sonidos, pastillas, cuerpos. Me llama la atención la SG, una Casino o también una Gibson L-5. Precisamente la probé hace poco y me pareció increíble el cuerpo, el sonido y la potencia, al mismo tiempo de la delicadeza y claridad de sus sonidos.

¿Y acústicas?
Últimamente he pasado bastante con una de 12 cuerdas. Estoy descubriendo muchas cosas, es un ejercicio interesante el pasar tiempo con una de ellas. Y también me ha impresionado mucho la Epiphone Masterbilt. Julio Reyes, mi mentor, amigo y productor de muchos de los discos en los que me ha invitado a trabajar, tiene una en su estudio y es muy rica. Tiene tonos especiales, es cómoda y con muchas posibilidades. En acústicas depende mucho del cuerpo, la verdad para mí no interesa tanto el tamaño si es jumbo o de las pequeñas, creo que cada acústica tiene su magia y tengo muy presente esa Masterbilt que tiene Julio porque hemos escrito y grabado muchas canciones con ella.

Finalmente, eres un compositor muy prolijo. Has escrito para y con artistas de diferentes géneros. Desde Mark Anthony, pasando por Alejandro Fernández, Kany García o Alejandro Sanz y muchísimos otros más… ¿cuál es tu proceso o método de composición?
Muy desordenado (risas). En mi caso no hay método o formula. Parto de una base, una letra, un título, una célula o una idea genérica. Luego fluye o sigo escribiendo. No hay momento. Por eso siempre estoy cerca de una guitarra o del piano. Grabo melodías en mi celular y todo el día pienso y se me vienen ideas a la cabeza. Aunque claro, como a todos nos pasa, llegan momentos en que no aterriza ninguna idea. Y cuando hablo de desorden hablo del desorden creativo. Porque así como surge una idea al mismo tiempo siento la necesidad de empezarla a trabajarla inmediatamente. Te pongo un ejemplo… La canción “Despedida” nació de una idea, de una frase de una célula básica. Me gustan los Beatles y en ese momento estaba pensando en la canción “Hello – Goodbye” en la letra

You say yes, I say no
You say stop but I say go, go, go

Y de ahí surgió la idea inicial de mi “Despedida”. Ese afán creativo me hizo sentarme en la batería – que es uno de mis instrumentos preferidos, luego en trabajar en una línea de bajo que hace tiempo tenía en la cabeza y finalmente la guitarra, vientos, etc. Ese “desorden” creativo ayuda y creo que hace parte de la personalidad y estilo de cada uno. 


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