Uno de los efectos para guitarra más populares y que más pasiones levantan es, seguramente, el fuzz. Originado en mesas de mezclas comprometidas (el famoso preamplificador defectuoso con el que se grabó la guitarra del Don´t Worry de Marty Robbins) o altavoces maltratados (algo que Dave Davies de The Kinks hacía a propósito navaja en mano con sus amplis), pronto se le dio forma de pedal, como el que obtuvieron The Ventures precisamente para imitar el sonido del tema de Robbins.
 
Y desde entonces, grandes guitarristas han dejado su sello haciendo buen uso de los muchos modelos clásicos que todos conocemos: Hendrix con el FuzzFace, Keith Richards con el Gibson Maestro Fuzztone, Paul McCartney aplicándolo a su bajo en algunas grabaciones de los Beatles con un ToneBender bajo sus pies, y tantos y tantos otros.
 
A día de hoy, este dirty box viejo y vetusto sigue reproduciéndose en decenas de modelos y nuevos diseños, sin olvidar de la reedición y revisión de los clásicos vintage. Hasta el punto de que la reputación de muchos de los nuevos fabricantes de pedales de boutique se mide en buena medida por la calidad y la personalidad de sus fuzzes. Sin duda, el fuzz es un objeto de deseo entre muchos guitarristas, en una eterna búsqueda del fuzz perfecto.
 
Entre los aficionados y coleccionistas existe, además, desde hace tiempo, una polémica recurrente que enfrenta, a través de sus banderizos, a dos de los componentes principales sobre los que se construye el fuzz: el transistor de germanio y el de silicio.
 
Es curioso que, mientras que con otros pedales de saturación (overdrive, distorsiones) las entrañas no importan demasiado, cuando se trata de fuzz la pregunta sobre el transistor o transistores que esconde bajo la capota es inevitable. De hecho, es uno de sus reclamos de marketing más importantes, y los fabricantes se cuidan muy mucho de especificar cuáles de sus retoños se basan en un tipo u otro.
 
En cualquier caso, que usemos la palabra marketing no debe llevarnos a engaño: el transistor en sí no es una mera cuestión de estrategia o publicidad de venta, ya que cada uno de estos tipos sí presenta características sonoras propias, además de ciertos comportamientos particulares a tener en cuenta. Con la sensibilidad que suelen exhibir estos componentes, y por tanto, estos pedales a condiciones externas (ya sea la temperatura ambiente o la composición de nuestra cadena de efectos y el lugar que ocupan en ella), la elección de uno u otro puede ser determinante según el sonido que queramos obtener y con qué equipo.
 
El germanio llegó primero. Como componente electrónico venía usándose desde los años 40, y cuando llegaron los primeros pedales en los años 60, este transistor fue la primera elección a la hora de fabricar fuzzes. Las primeras grabaciones de Hendrix, por ejemplo, se realizaron empleando un FuzzFace de germanio, sin ir más lejos (en Are You Experienced está por todas partes). La característica principal de éstos es que reflejan, un poco a su manera particular, claro, las cualidades de un viejo amplificador de válvulas con el volumen un poco más allá del 11. Los pedales basados en germanio tienen un sonido cálido , muy redondo, y suelen exhibir una característica muy buscada por muchos guitarristas: que el nivel de distorsión que provocan se reduce progresivamente bajando el volumen de la guitarra, permitiendo diferentes grados de saturación al alcance de un pote.
 
Por otro lado, el germanio es culpable de ser extremadamente sensible a la temperatura ambiente. Un fuzz de germanio sonará distinto en diferentes entornos, según el calor al que se vea sometido. Normalmente, ambientes fríos suelen ser más adecuados, con lo que no es tan rara la imagen de un guitarrista metiendo su pedal en el frigorífico un rato antes de grabar con él en el estudio. Seguramente no sea necesario llegar a esos extremos (¡tenemos una fama merecida, los guitarristas!), pero sí tener presente que algunos ajustes son necesarios según dónde vayamos a tocar.
 
Esta inconsistencia del germanio, proclive también a acumular carga eléctrica – que afecta a su sonido – es precisamente por la que se comenzó a utilizar el silicio, mucho más estable. Los pedales basados en silicio, por sus características, suelen ofrecer más ganancia, y una distorsión con más contenido en agudos, resultando en un sonido más definido o afilado. Además, responden mejor a la alimentación eléctrica a través de fuentes de alimentación, mientras que los de germanio se llevan mucho mejor con una pila de 9V un poco gastada (¡misterios de la electricidad!). En cuanto a la posibilidad de domarlos con un pote, mucho nos tememos que el silicio tiene tendencia a mantener su ganancia. Lo que puede ser una ventaja, si el “limpiar con el volumen” no es lo que buscas, sino simplemente “bajar el volumen” pero reteniendo el grado de saturación.
 
En resumidas cuentas, si lo que buscas es un fuzz cálido, con un toque vintage y que reaccione bien a tus movimientos con el pote de volumen, elige germanio. Y si lo que necesitas es algo más consistente, estable, y con una distorsión más afilada, busca silicio. Para complicar un poco las cosas, muchos fabricantes llevan ya tiempo ofreciendo modelos que combinan, de alguna forma, estos dos tipos de transistores. ¿Quién dijo que el fuzz era algo de otra época?