En nuestra última entrega de nuestra particular Escuela de Rock, os propusimos unos cuantos ejercicios para fortalecer vuestros dedos y mejorar, día a día, vuestra digitación. Era, como recordaréis, la segunda parada de la rutina diaria que os planteamos en otra entrega anterior (el primero, recuerda, siempre... ¡afinar!). Hoy vamos a continuar el camino marcado por aquel artículo y echar un vistazo a lo que debería convertirse desde ya en el siguiente escalón cada vez que os sentéis a practicar seriamente con vuestro instrumento: los ejercicios con escalas.
 
Conocer las escalas en una herramienta indispensable que todo guitarrista debería tener en su arsenal. Y con “conocer” no nos referimos a haber echado un vistazo a los patrones de la pentatónica menor, por ejemplo, quedarnos con ése que nos resulta más cómodo y fácil de recordar, y tirar millas sin mirar hacia los lados. Una vez dominado el patrón de turno, nos sentiremos poderosos, capaces de improvisar en muchas situaciones y de navegar por el diapasón de forma más o menos eficiente con el poso que nos ha quedado del resto de formas de la escala. Pero nos estaríamos engañando. No solo eso, nos estaríamos negando un recurso inestimable al mismo tiempo que profundamente gratificante: el conocimiento profundo del mástil, de la ubicación de cada nota que podemos necesitar en un tema determinado y la capacidad replicar figuras en cualquier parte del diapasón, añadiendo riqueza sonora a nuestra técnica.
 
Para lograr esto se impone, no obstante, un poco de sacrificio y metodología rigurosa. Como decimos, y como ya hemos explicado en otras entregas de esta serie, no basta con amarrarnos a un patrón y repetirlo hasta la saciedad, como tampoco nos sirve practicar sin poner demasiada atención, circulando por caminos que ya tenemos más que sabidos. La gratificación instantánea acabará sustituida por frustración cuando intentemos – o necesitemos – nuevas figuras y comprobemos que lo que creíamos absolutamente controlado no lo está tanto. Por eso, tras calentar nuestros dedos y haber dedicado un rato al trabajo más puramente muscular, en vuestra rutina diaria deberías dedicar otra buena porción de tiempo a estudiar escalas. 
 
Esto no significa saltar de una a otra sin ton ni son. Intentar abarcar mucho, en este mundo de la guitarra, suele ser contraproducente. Nuestra recomendación es que te concentres en un escala – aquí trabajaremos con la omnipresente pentatónica menor -, y cuando realmente la hayas subyugado y esté pidiendo clemencia ante la maestría de tus dedos, subas un escalón y te animes con otra: la escala mayor, la menor, modos, etc.
 
Un buen comienzo con cualquier escala, es, sin duda, aprenderse cada patrón de forma independiente. Aquí te dejamos, para refrescar la memoria si lo necesitas, todos los patrones de la pentatónica menor en La (A):
 
 
Comienza tocando arriba y abajo cada uno de ellos. Pero no te conformes con ejecutarlas como si fueras un robot. Escucha atentamente, para ir captando la cadencia sonora de cada uno, e ir distinguiendo dónde presenta cada uno los diferentes acentos sonoros: los puntos de máxima tensión, la resolución al llegar a la tónica. Para esto te será útil también fijarte en el propio gráfico, donde verás marcada la tónica (es decir, La) allí donde se encuentra en cada patrón. Úsala como punto de referencia, pero también como un punto de anclaje seguro que tendrás que grabar a fuego en tu memoria para saber siempre dónde está tu “casa” mientras interpretes usando esta escala. Ten en cuenta, también, que a partir de cada una de esas marcas, la cadencia de intervalos que forman la escala se repiten, con lo que saber exactamente donde se encuentran te resultará muy útil para improvisar a partir de ellos si la memoria te falla en algún momento.
 
Pero tocar cada patrón de la escala arriba y abajo es condenadamente aburrido, lo sabemos. Y, a la larga, poco eficiente para dominarla de forma efectiva, además. Es un paso necesario, ya que la utilidad de conocer cada patrón de forma instintiva, sin tener que pensar en “qué viene después”, es evidente. Pero una vez conseguido esto, hay que romper el cajón. Esto es, derribar los muros tanto entre patrones como entre las propias notas que los componen.
 
Para lo segundo podemos aproximarnos a la escala desde otro punto de vista. Por ejemplo, cambiando la figura musical en que basamos nuestra práctica y en la agrupación de notas. Es sencillo, empecemos tocando la escala a tresillos, es decir, que por cada tiempo de compás (recuerdas lo de usar metrónomo, ¿verdad...?), deberás tocar tres notas de la escala. Además, a cada una de estas agrupaciones de tres notas le seguirá otro tresillo que empezará por la segunda nota del tresillo anterior. ¿Lioso? Echa un vistazo a la partitura y lo verás claro:
 
 
Es una progresión sobre la pentatónica menor de La (A) en su primer patrón, ascendiendo en base a tresillos tal y como decíamos antes. Comienza en el segundo grado simplemente por cuestiones de métrica y de sonoridad de toda la figura. De hecho, te sonará rápidamente a un tipo de progresión empleada una y mil veces en muchos solos, con lo que su aplicación te resultará rápidamente evidente. También puedes practicarla en cada uno de los demás patrones de la pentatónica menor. Por ejemplo:
 
 
O en este otro:
 
 
De esta forma comenzaremos a tocar, pero también escuchar, la escala pentatónica menor de otra forma. Incorporaremos nuevas cadencias a nuestra técnica que nos permitirá imprimir nuevos ritmos muy útiles durante nuestros solos. 
 
Pero con los tresillos no acaba la cosa. En la próxima entrega de Escuela de Rock, veremos otras formas de practicar la escala pentatónica menor, tanto para seguir profundizando en este aspecto de las figuras y la métrica, como en ese punto que nos queda pendiente: el derribar los muros entre patrones. No te preocupes, saldaremos nuestra deuda pronto. Mientras tanto, ¡ya tienes material con que empezar a practicar!