Hasta ahora en nuestra particular escuela de rock hemos ido viendo diferentes conceptos básicos que necesitarás asimilar para desarrollar tu propio estilo. Principalmente, las escalas, por supuesto. Pero, ¿cómo debes practicarlas? Y, una duda que acecha especialmente a quienes están empezando en esto de la guitarra... ¿cuándo y cuánto tiempo?

La clave para desarrollar una buena técnica guitarrística es en realidad muy sencilla: practica cada día. La constancia es vital, y te sorprendería lo mucho que podrías conseguir tocando aunque solo fueran 15 minutos diarios si mantienes una cierta rutina y disciplina al hacerlo. No es útil ni provechoso el estar varios días o incluso semanas sin acercarte a tu instrumento y luego darte un atracón de varias horas tocando todo lo que no has podido tocar hasta ese momento. Por poco tiempo que tengas, es mejor dedicar al menos unos minutos a tu guitarra de forma diaria, que hacerlo a base de largas sesiones de forma irregular.



Del mismo modo, tampoco es práctico emplear esos minutos diarios a juguetear con tu guitarra mientras ves la televisión, por ejemplo, tirado en el sofá. Es importante centrar tu atención en la práctica: cinco minutos de ensayo concentrado son mucho más útiles que una hora tocando mientras tu atención está realmente en otro sitio.

Por todo ello, vamos a ofrecerte una pequeña guía de cómo podría ser tu rutina diaria para sacarle el máximo partido a tus sesiones de práctica. Puede durar entre una hora o dos horas y tan solo 15 ó 30 minutos, dependiendo siempre del tiempo que tengas disponible. Pero debes intentar siempre seguir todos y cada uno de los pasos. Y siempre, siempre, usar un metrónomo durante la misma. ¿A qué velocidad? A la mínima que necesites para realizar el ejercicio de turno de forma perfecta. No tengas prisa en subir de tempo, y sí constancia y paciencia. El fruto que recojas así tendrá mucho mejor sabor...

Primero, afina
Parece una tontería, pero tu oído acabará agradeciendo a la larga que lo primero que hagas al coger tu guitarra se afinar. No te lances sobre ella y empieces a tocar sin más: usa tu afinador para asegurarte de que está correctamente afinada. De esta forma, tu oído se acostumbrará poco a poco a cómo suena exactamente cada una de las notas.

Ejercicios de calentamiento y digitación
Ésta es la parte puramente gimnástica de la rutina. Antes de lanzarte a realizar bendings poderosos o estiramientos de dedos imposibles, calienta. Emplea algún ejercicio sencillo que ponga tus dedos en movimiento y te permita ir estirándolos suavemente. Tras esto, pasa a ejercicios enfocados a desarrollar tu digitación. Pueden estar vinculados a escalas (es decir, que usen patrones de escalas) o no estarlo en absoluto: el objetivo es desarrollar tu independencia de dedos, velocidad (recuerda, metrónomo) y precisión a la hora de pisar sobre los trastes y mover tu mano por el diapasón, y no tanto el conocimiento de escalas.

También puedes centrarte en acordes, en lugar de en trabajar tu técnica solista: afianza esas digitaciones complicadas que tienen algunos de los que se te resisten, o céntrate en perfeccionar las transiciones entre acordes siguiendo el tempo del metrónomo y la regla de oro de la práctica: despacio, al principio, y subiendo progresivamente conforme puedas hacerlo perfecto y sin pensar en ello.

Ejercicios con escalas
Tras esto, pasa a repasar la escala o escalas que estés estudiando en ese momento. Toca los patrones de arriba a abajo y de abajo a arriba. Tócalos conectando unos con otros, y hazlo también aplicando diferentes figuras métricas con ayuda del metrónomo: empieza tocando a negras, pasa a corcheas, después a semicorcheas, luego da el salto a tresillos, etc. (¡no, todo en la misma sesión, no!).

Esto te servirá no solo para ir afianzando las escalas básicas que necesitas en tu arsenal, sino que también puedes aplicar estos ejercicios a las escalas que sepas que vas a necesitar en alguna canción que estés aprendiendo o componiendo. De ese modo trabajarás en ella al mismo tiempo que amplias tu vocabulario musical. Sin olvidar un aspecto que debes desarrollar cuanto antes: el conocimiento del diapasón, es decir, el mapa mental de dónde está cada nota y su relación con el resto de las de la escala que estés practicando.

Técnicas concretas
Tu siguiente parada en la sesión de práctica deberían ser ejercicios enfocados a alguna técnica concreta:
púa alterna, bendings, tu vibrato, ligados (hammer-on y pull-offs), tapping, sweep picking, double stops, etc. Lo que sea que necesites estudiar en ese momento, una o dos cada día. Lógicamente, nosotros recomendamos empezar por aspectos técnicos básicos (púa alterna, ligados, bendings) para pasar más adelante a técnicas avanzadas (tapping, etc.), sin pausa pero sin prisa.

La clave aquí consiste en intentar aprender algo nuevo cada día: puede ser un lick concreto sacado de un solo de una canción (aunque sea a velocidad de tortuga), o simplemente conseguir realizar ese ejercicio de púa alterna o bendings a 120 bpm, en lugar de 110, como hiciste ayer.

Estudia una canción
Pasado el ecuador de tu sesión de práctica, llega la parte algo más amena. Intenta tener siempre una canción en proceso de aprendizaje. Elige temas que te gusten y que quieras tener incluidos en tu repertorio y trabaja en ellos hasta que los domines. Pero no pierdas tiempo tocando las partes que ya te sabes: sacarás más partido si te centras en esas secciones del tema que aún no dominas. Y, de nuevo, tócalas a un tempo más bajo si es necesario, hasta que las tengas totalmente asimiladas.

Aprender todos esos temas que tanto te gustan no solo es divertido, sino que aumentará tu repertorio musical al mismo tiempo que te descubrirá nuevas técnicas que podrás ir incorporando a tu propio lenguaje.

Improvisa
Finalmente, llegamos a la sección de tu rutina diaria en la que puedes hacer lo que te de la gana: déjate llevar y ponte creativo o repasa riffs o licks concretos que quieras dominar. Pero siempre, llegado este punto, debes intentar desarrollar tu propia creatividad. Si repasas figuras concretas, intenta tocarlas en otros lugares del mástil, por ejemplo. O juega a hacer variaciones en la melodía del tema que estás estudiando usando las escalas que ya conoces.

Ser capaz de poner en práctica todo lo aprendido es imprescindible en tu práctica diaria, y esto pasa por vaciar un poco la mente y dejar que todo ello fluya. Usa una base de blues o rock, por ejemplo, e improvisa un solo sobre ella. O toca sobre los acordes de una canción, buscando tus propias melodías y empleando tus propias técnicas. Poco a poco notarás que todo lo que vas aprendiendo acaba aflorando de forma natural, convirtiéndose en parte de tu propio estilo.