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Gibson Escuela de Rock: Saltando cuerdas

Raúl Barrantes
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12.11.2013
Ojo, no confundir lo que sigue con una especie de revisión gastronómica del mundo de la guitarra. Sí, todo lo que tiene que ver con el mundo de la cocina parece estar de moda, pero lee atentamente: ahí arriba no dice “salteando” cuerdas, sino “saltando”. ¿Ves la diferencia?
 
Hecho ya el chiste con el que todo buen redactor debe comenzar un artículo (y más si lo que sigue son lecciones de técnicas guitarrísticas... no precisamente la lectura más amena sin algo de aderezo, la verdad), podemos explicar qué es eso de “saltar” cuerdas...
 
La mayor parte del tiempo, los guitarristas nos la pasamos tocando notas dentro de una misma cuerda o en las adyacentes. Esto es, cuando no estamos aporreando acordes o volviéndonos locos de emoción convirtiendo el feedback en algo bonito y musical (o eso pensamos nosotros). Pero hay veces en que uno se le atraganta un salto de nota. El 90% de las ocasiones, la culpa la tiene algo tan simple como tener que buscarla en una cuerda que no está junto a la que acabamos de tocar. Es decir, cuando tenemos que saltar más de una cuerda: lo que en inglés se denomina skipping strings.
 
Sobre el papel puede parecer una tontería, pero todos nos hemos encontrado con este problema. Cuando ya tenemos dominada nuestra púa alterna, machacada a conciencia durante horas de ensayo y práctica, nos encontramos con que aplicarla desde la quinta cuerda a la segunda se convierte en un triple salto mortal difícil de ejecutar limpiamente.
 
No hay que extrañarse, ni frustrarse: es algo perfectamente normal, ya que adecuar nuestro cerebro y nuestra memoria muscular a tocar esquivando cuerdas es más complicado de lo que parece a simple vista, y requiere de paciencia, práctica y muchos errores cometidos por el camino. La recompensa, en cualquier caso, merece la pena. No solo añadiremos nueva dimensión a nuestros arpegios (probablemente el ejemplo más claro en el que la técnica de salto de cuerdas cobra sentido), sino que nuestros licks y líneas solistas se enriquecerán en el momento en que aumentemos los intervalos en que nos movemos. Ejemplos claros son el arranque de Sweet Child of Mine de Guns N' Roses, o la técnica de un monstruo como Eric Johnson, que siempre ha recalcado que le gusta abusar de los “intervalos amplios”, pudiendo reemplazar algunas notas por otras en una octava mayor (o menor) saltando cuerdas. Hace las cosas más interesantes.
 
Cómo practicar
Lo primero que hay que hacer si no se tiene dominada la técnica de skipping strings, es armarse de paciencia. El camino que nos aguarda seguramente será agotador, y estará repleto de errores, cuerdas que suenan cuando no deben, y notas que saltan en el momento menos oportuno. Es normal. Ayuda mucho, en cualquier caso, realizar ejercicios como los que os mostramos a continuación con los ojos cerrados. La idea es que consigamos dibujar en nuestra mente el plano completo del diapasón y, en este caso, de la altura del diapasón. Que no dependamos de nuestros ojos y así interiorizar completamente las distancias entre cuerdas, y el rango en el que debemos mover nuestra mano derecha (o izquierda, si uno es zurdo) para saltar de una cuerda a otra.
 
Estos ejercicios, en el fondo, no son difíciles, y no necesitarás estar mirando la partitura para ejecutarlos. Es más importante que la memoria muscular se ponga a trabajar sin distracciones.
 
Ejercicio 1:
Empezamos con uno de esos ejercicios tan divertidos de repetición hasta que sangren los dedos (bueno, tal vez no tanto, pero ya nos entiendes...). Aconsejamos realizarlo con metrónomo, tanto porque todo lo que practiquemos deberíamos hacerlo siguiendo un tempo, como por que nos resultará algo más ameno si tenemos el desafío del tiempo añadido.
 
Como puedes ver, la secuencia es sencilla, y se trata de realizar una sencilla figura de cuatro notas, empleando los cuatro dedos de la mano, primero en la sexta cuerda e inmediatamente después en la cuarta. Además, iremos desplazando la posición hasta llegar al duodécimo traste (aunque no aparezca en la imagen).
 
Buscamos una pulsación clara, bien sincronizada con el tempo, y definida. No te pases con la distorsión de tu sonido, que a veces ayuda a enmascarar errores.
 
 
 
Ejercicio2:
Éste no es sino una variación del anterior, pero aumentando la distancia que tenemos que saltar de una cuerda a otra. De nuevo, desplazamos la posición en la que tocamos con los cuatro dedos, hasta llegar al traste 12. Y, aunque no los ilustremos gráficamente, esta pauta puede continuarse para aumentar el salto entre cuerdas: de la sexta a la segunda, de la sexta a la primera, de la segunda a la cuarta, de la segunda a la quinta, etc.
 
 
Ejercicio 3:
Por último, complicamos un poco la cosa, sin dejar de ofrecer un ejercicio bastante básico para potenciar la memoria muscular del salto de cuerdas. En esta ocasión, no solo iremos desplazando la posición, sino que también cambiaremos las cuerdas entre las que realizamos el salto, comenzando siempre en la sexta cuerda, y saltándonos una cuerda hacia abajo, para invertir después la dirección. Verás que al llegar a la segunda cuerda, como resulta imposible saltar a la -1, es cuando volvemos hacia arriba. Y comprobarás también que el tercer compás no hay salto de cuerda: esto cumple dos funciones, retar un poco a la cabeza y las manos rompiendo la dinámica, y hacer un poquito de trampa para poder saltar entre las cuerdas que quedarían fuera del ejercicio si no lo hiciéramos así...
 
 
Son, como decimos, ejercicios básicos, de los de machacar con el metrónomo durante horas, pero que poco a poco irán inculcando en nuestra memoria las distancias entre cuerdas, y aumentará la precisión al saltar entre ellas.
 
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