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Guía práctica de la guitarra acústica

Raúl Barrantes
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15.11.2012
Estamos tan inmersos en el mundo de la guitarra eléctrica a través de algunas de nuestras series de artículos, como Tonifícate, que a veces se nos olvida que muchos de vosotros os acercaréis a esta página en busca de información sobre esas otras grandes heroínas de las seis cuerdas: las acústicas.

Así que vamos a ponerle solución de una vez por todas a este pequeño vacío y vamos a comenzar una nueva serie, que digo serie, saga, centrada en el mundo acústico. A fin de cuentas, todos, ya se trate de músicos estrictamente acústicos o eléctricos, tenemos al menos una acústica en nuestro haber: ésa en la que componemos buena parte de nuestros riffs antes de electrificarlos, ésa otra a la que acudimos cuando nos ponemos un poco más folk o, vaya, esa colección completa con la que hacemos toda nuestra música porque lo de depender de un cable no acaba de ir con nosotros.

John Hiatt J-45


Así que vamos a empezar por el principio e intentar arrojar algo de luz sobre los nombres tradicionales con los que conocemos a los diferentes tipos de guitarra acústica. Y que, a veces, nos lían más que aclararnos qué tipo de forma y sonido pueden ofrecernos.

Cuerdas metálicas
La primera diferencia que tenemos que establecer entre guitarras acústicas se refiere al tipo de cuerda que utilizan. Hoy en día, en el mundo del rock y el pop, lo habitual es encontrar guitarras con cuerdas metálicas (de diversos materiales, a su vez), frente a la tipología clásica basada en la cuerda de nailon. Son, por tanto, las guitarras que acompañarán a la mayor parte de guitarristas contemporáneos, y pueden encontrarse, básicamente, cuatro modalidades distintas:

Dreadnought
Normalmente, cuando uno piensa en una guitarra acústica, lo que se le viene a la cabeza es precisamente una Dreadnought. Son guitarras grandes, con la caja en forma como de pera, con las curvas tímidas, la parte superior más estrecha y un ensanchamiento hacia la parte baja.  ¿Un ejemplo perfecto? Nuestra todoterreno, la J-45.

Las acústicas tipo Dreadnought suelen presentar un sonido muy redondo, con mucho grave pero un gran equilibrio en todo el rango de frecuencias, ya pertenezcan a una u otra de las dos modalidades en que suelen encontrarse: de hombros (o borde) redondeado, o cuadrado. Las conocemos también, además, con un pequeño bocado (cutaway) para facilitar el acceso a los trastes más altos.

Jumbo
Otro de los tipos más comunes y que cuenta con exponentes tan inmortales y relevantes para la música moderna como nuestra queridísima J-200. Las acústicas tipo Jumbo (y Súper Jumbo, algo más grandes) son guitarras voluminosas que presentan curvas mucho más sinuosas, con una figura más cercana al clásico “8”, que las Dreadnought. Artistas tan míticos como Elvis Presley o Pete Townsend han confiado en las Jumbo para su trabajo acústico por el sonido grande y corpulento que suelen ofrecer. Precisamente sus formas son las que permiten una entrega de volumen importante, y con mucho grave, aunque afecten ligeramente a su ergonomía. Tienen aplicaciones similares a las de las Dreadnought, pero, eso sí, con matices. Precisamente los que marcan la diferencia.

Gibson J-200 Standard


De Concierto
La variedad de nombres con que suelen encontrarse las guitarras acústicas “de concierto” hacen que su clasificación sea un tanto complicada, pero vamos a agruparlas a todas aquí mientras las llamamos por su nombre: “gran concierto”, “gran auditorio”, “de cuerpo pequeño”, “doble 0” (ó “00”), “triple 0”, “de salón”, “parlor guitars”... Básicamente, todas hacen referencia a un mismo tipo de acústica, derivada en su morfología de la guitarra clásica, pero adaptada a las necesidades de la música contemporánea tras su paso por géneros como el blues y el folk. Las diferencias entre unos y otros apelativos provienen en realidad de su tamaño, pero su forma es prácticamente la misma: un “8” más pequeño en su parte superior que inferior, sin llegar a la gordura y volumen de una Jumbo.

L-00 Pro


Las guitarras de concierto presentan el sonido más equilibrado, llegando a un compromiso entre volumen, claridad y presencia de graves. Las más pequeñas entre ellas (las de salón o “parlor”) sacrifican nivel de salida en favor de ergonomía, ligereza y comodidad a la hora de tocar, lo que no quita para que grandes leyendas como Robert Johnson eligieran una de ellas para hacer historia y señalarnos el camino.

Dobro
El cuarto y último gran grupo en cuanto a guitarras acústica de cuerdas metálicas son las Dobro o Resonadoras. Su origen está en aquella época, antes de la amplificación eléctrica, en que se buscaba un mayor volumen en las guitarras para que no quedaran sepultadas bajo el resto de instrumentos de las bandas y orquestas. Por ello se introdujeron en el diseño una serie de resonadores metálicos (de ahí el nombre), en lugar de la tapa de madera tradicional. El resultado no solo fue un mayor volumen, sino una sonoridad muy determinada que han convertido a las Dobro en una “sospechosa habitual” de géneros como el blues o el bluegrass, a pesar de que su función originaria está ya superada.

Gibson Dobro - Phil Leadbetter


Cuerdas de nailon
El otro gran grupo dentro de las guitarras acústicas está formado por aquellas que calzan cuerdas de nailon, encastradas dentro de una tradición que deriva de los orígenes históricos del propio concepto de guitarra. Vamos a destacar aquí dos tipos, principalmente:

Clásica
La guitarra clásica (o guitarra española) es, en fin, la que sigue manteniendo a día de hoy la herencia histórica de este instrumento que tantas mutaciones ha experimentado a lo largo de los años. En su origen se empleaban cuerdas de tripa animal, aunque el nailon es ahora el estándar. Haciendo honor a su nombre, sigue ocupando un lugar preferente en la música clásica, y las diferencias con una acústica “pop” son mucho menos sutiles de lo que puede parecer a simple vista: desde el tipo de cuerdas, hasta el ancho del diapasón, la altura de cuerdas habitual, los sistemas de cordaje y la fabricación (maderas, especificaciones) son los diferentes e importantes puntos de divergencia entre unas y otras. Todo lo cual conduce a un registro tímbrico muy diferente.

Flamenca
La guitarra flamenca es, en realidad, muy similar a la guitarra clásica. Y, al mismo tiempo, presenta una serie de diferencias que obligan a clasificarla de forma separada. Al común de los mortales pueden parecerle nimiedades incomprensibles, pero las diferencias en altura de cuerdas (mucho más pegadas al diapasón en una flamenca), tolerancia al trasteo (inadmisible en una guitarra clásica), y otras especificidades técnicas (tamaño de los aros, estructura interior de la caja, maderas empleadas) las convierten en instrumentos muy, muy distintos.
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