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La importancia de la cejuela

Raúl Barrantes
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22.01.2013
Es uno de los elementos más ignorados por los guitarristas, pero, en realidad, es uno de los más importantes. Esa pequeña pieza que nosotros llamamos cejuela y en inglés se denomina nut, por la que pasan las cuerdas en su camino desde el clavijero hacia el mástil y el puente, desempeña un papel fundamental en la mecánica de nuestro instrumento, y no está demás prestarle algo de atención.
 
Hace poco, precisamente, un percance sobre el escenario me recordó, por las malas, cuán vital es la cejuela: un exceso de entusiasmo durante el final de una canción desembocó en un rasgueo demasiado efusivo. El resultado, inesperado, fue que la primera cuerda, el Mi (E) agudo, salió disparada fuera de su lugar habitual en la cejuela. Tras finalizar el tema, intenté reconducir la cuerda por el buen camino, mientras el cantante de mi banda parloteaba y hacía algunos chistes con el público para darme tiempo. Sin embargo, la cuerda no se mantenía en su sitio: algo se había roto en la cejuela, probablemente una mínima esquirla de material, inapreciable a simple vista, pero que impedía que la cuerda quedará fijada en cuanto se le daba algo de tensión. ¿El final de la historia? Un concierto entero (ocurrió en el segundo tema...) teniendo que reformular riffs y frases sin una cuerda, y una guitarra esperando pacientemente una visita al lutier
 
Si lo preguntáis, no, ese día no llevaba una segunda guitarra... El concierto terminó saliendo bien (muy bien, de hecho, el enfrentarse a imponderables y tener que tocar fuera de tu zona de confort, a veces, resulta muy saludable), pero todo el asunto me recordó que esa pequeña pieza puede ser la diferencia entre un instrumento funcional y otro algo más complicado. Y no solamente, en realidad, por cuestiones meramente mecánicas: la cejuela imprime su carácter al timbre o tono general de la guitarra. Y eso conviene tenerlo en cuenta.
 
El principio detrás del relevante papel de la cejuela es sencillo: ese pequeño pedazo de material orgánico o sintético (ahora llegaremos a esto) que parece colocado ahí, al final del mástil, simplemente para guiar las cuerdas a su correspondiente clavija de afinación, es en realidad uno de sus dos puntos de apoyos. El otro, claro, son las silletas del puente, y juntos marcan cuál es la longitud exacta del tramo de cuerda que vibrará. Tanto las unas como la otra tienen un efecto importante en lo que la cuerda “dirá”, es decir, en cuánta energía vibratoria habrá y, por tanto, cuánta será transmitida hacia el cuerpo y el propio mástil (y luego recogida por las pastillas).
 
Tanto su diseño como su material tendrán, por tanto, influencia en el tono de nuestra guitarra. Tradicionalmente, las primeras acústicas presentaban cejuelas de hueso, y eso, con el devenir de los años, ha acabado por sentar las bases de lo que hoy en día es todo un estándar. El hueso contribuye con tono cálido y rico, y una fiabilidad que hace que muchos, aún hoy en día, cambien por sistema sus cejuelas sintéticas por alguna de hueso en cuanto adquieren una guitarra nueva, especialmente cuando ciertos rangos de precio imponen materiales plásticos menos excitantes.
 
Pero existen muchos materiales sintéticos en las cejuelas que pueblan nuestros estudios, escenarios y colecciones, y algunos que vienen usándose desde antaño: por ejemplo, el nailon, que ya se empleaba en muchas Gibson de los años 50 y 60, y que, aunque sorprenda a propios y extraños, ha ofrecido y ofrece una durabilidad excelente, y un timbre resonante que ha aportado su granito de arena a más grabaciones clásicas de las que puedes imaginar. 
 
Cada vez más comunes hoy en día son otros plásticos como el Corian, que también se usa para hacer cocinas y que ofrece un buen tono, con buen sustain y equilibrado, o la Micarta, un compuesto de resinas, más fácil – y barato – de trabajar que el hueso, por ejemplo, pero que aunque tal vez no tan excelente, ofrece una buena mejora con respecto a otras opciones plásticas más baratas. Y, por supuesto, el grafito, muy usado en cejuelas que “auto-lubricadas” acompañando, habitualmente, a puentes flotantes tipo Floyd Rose por su contribución a mantener el instrumento afinado aún cuando los guitarristas nos ponemos en modo gorila con la palanca de vibrato.
 
Sea cual sea tu opción, recuerda que la cejuela puede que no hable muy alto, pero tiene mucho que decir sobre cómo suena tu instrumento. 
 
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