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Obsesion con el tono: true-bypass o buffer

Raúl Barrantes
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16.10.2013
¡Ay, los guitarristas obsesionados con el tono! Muchas veces empleamos más tiempo revisando nuestras pedaleras, cables y válvulas que tocando la guitarra... Pero, ¿cómo no hacerlo? Tenemos que entonar un mea culpa impepinable, sí, pero hacerlo al mismo tiempo con orgullo: nuestra búsqueda incansable responde simplemente a la voluntad de ofrecer nuestro mejor sonido posible. Al público, a la banda...
 
Uno de los pilares sobre los que reposa la “búsqueda del tono” en los últimos años es la dicotomía entre dos filosofías de diseño de pedales, en principio opuestas: el true-bypass y el uso de buffers. Dos extremos que, aunque parecen opuestos e irreconciliables por las pasiones que levantan entre muchos de sus respectivos defensores, lo cierto es que, en el fondo, pueden y seguramente deberían ser complementarios en muchos de nuestros equipos. Repasemos la polémica, sus actores e intentemos llegar a alguna conclusión. Lúcida, a ser posible.
 
Los hechos
Casi todas las guitarras que nos echamos a las manos tienen una salida de alta impedancia. ¿Cómo? Veamos, la impedancia, explicado de forma muy casera, es la resistencia de un circuito a frecuencias determinadas. En el caso de la guitarra, los problemas de impedancia suelen manifestarse como pérdida de agudos, habitualmente por el uso de largas longitudes de cable para llevar la señal hasta el ampli, o por discordancia entre impedancias de entrada y de salida: la impedancia de entrada de un ampli suele ser altísima, pero la de la mayoría de pedales no, lo que provoca degradación de la señal por el camino.
 
Para saber si tu guitarra tiene alta impedancia en la salida, suele bastar con fijarse en el tipo de pastillas: si son pasivas, estaremos hablando de alta impedancia, mientras que si son activas, seguramente ésta sea baja a la salida, con lo que será menos proclive a problemas por el uso de cables largos. No obstante, suele decirse que a partir de los 5 metros de cable empleados, la pérdida de agudos es fácilmente comprobable a oído. Y todos, por lo general, usamos unos cuantos metros más de cable casi por sistema, especialmente cuando tenemos pedaleras a nuestros pies y queremos tener algo de movilidad sobre el escenario...
 
True-bypass
El concepto de true-bypass se ha considerado durante mucho tiempo, y por muchos “cazadores de tono”, como la receta indispensable para no degradar nuestro tono. Pero, ¿qué significa exactamente? Es tan sencillo como que la señal que recibe el pedal, si éste se encuentra desactivado, pasa directamente, a través del swtich, desde el jack de entrada al de salida, sin recorrer la circuitería del pedal. De esta forma se evita el problema que muchos pedales (antiguos... y no tanto) provocan al divertir parte de la señal hacia el circuito. Normalmente por una cuestión de disponibilidad o costes demasiado elevados de interruptores que permitan precisamente esa conexión directa entre entrada y salida, y que, en definitiva, provocan pérdida de señal o, como suele decirse “que chupen tono”.
 
Todos hemos experimentado esta sensación al añadir algún efecto a nuestra señal. Con lo que parece de cajón que el true-bypass sea objeto de deseo, a veces enfervorecido, ya que evita que ese pedal concreto nos robe señal y degrade nuestro sonido cuando no está activado.
 
Pero, ¿qué pasa cuando usamos muchos pedales? Hay que tener en cuenta que, a los metros de cable entre guitarra-pedalera y pedalera-ampli, habría que añadir los que unen cada pedal entre sí. Y si bien es cierto que con un diseño true-bypass nos ahorramos que la señal circule por, digamos, 10 pedales más sus circuitos (tan solo recorre unos pocos centímetros de cable en el interior), lo cierto es que este tipo de diseño presenta inconvenientes:
 
Por un lado, esos metros de cable que añadimos a la ecuación entre pedales, y que pueden agravar la degradación. Por otro, que si ésta ya existe, al activar un pedal seguramente notemos mejora en la señal (porque el pedal realizara su magia), y al desactivarlo la sensación de pérdida puede ser aún mayor.
 
True-bypass loopers
Para afrontar estos problemas nacieron los loopers: esos simpáticos cachivaches a los que conectamos los pedales para tenerlos fuera de la cadena hasta el momento en que realmente queremos que actúen. Además de la comodidad que pueden ofrecer para gestionar los pedales (especialmente si nos vamos a los loopers programables de última generación), su objetivo es, en fin, que la señal atraviese los pedales  solamente cuando vayamos a usarlos, llevando la señal de forma directa desde la guitarra hasta el ampli el resto del tiempo, y minimizando la cantidad de cable por la que circula la mayor parte del tiempo.
 
Buff, buff, buffer
Un buffer es, perdonadme la electrónica de andar por casa, una especie de preamplificador que, en lugar de añadir ganancia, empareja impedancias y asegura que la señal pueda seguir su camino sin pérdidas de nivel o tono. Parece lógico pensar, pues, que un buffer puede ser la solución para esa degradación de la señal causada por largos cables o decenas de pedales, evitando la pérdida de agudos. Es por esto que muchos fabricantes comenzaron a añadir buffers a la entrada de sus pedales (buffered bypass), siendo tal vez los más famosos los de la marca BOSS (aunque, por supuesto, no los únicos).
 
Muchos diseñadores de pedaleras, empezando por el célebre Pete Cornish, juran sobre un buffer (¡o varios!) como la mejor forma de preservar el tono de la guitarra cuando pasamos por muchos metros de cable y pedales. Otros abogan sencillamente por incluir algún pedal con buffered bypass en la señal, al principio o al final (el clásico afinador de BOSS es muy utilizado por esta razón). Y otros emplean directamente pedales buffer dedicados situados estratégicamente según el tipo y el orden de nuestros pedales (nunca antes de un fuzz... suele ser mala idea).
 
El problema con los buffer es que, aunque sobre el papel parecen la mejor opción en situaciones de mucho cableado, lo cierto es que la calidad del buffer es crítica. Un buffer de mala calidad (que son relativamente habituales por cuestión, de nuevo, de costes de fabricación) no cumplirá con su labor como debe, sino que simplemente coloreará la señal en formas que, casi con toda seguridad, identificaremos directamente como “pérdida de tono” (aunque en el fondo sea algo más complejo), devolviéndonos al punto de partida. En ciertos casos, además, es probable que afecte a cómo rinden otros de los pedales que tengamos a continuación en nuestra cadena de sonido...
 
¿Entonces?
La conclusión es que este combate no puede ofrecer un ganador claro, porque el enfrentamiento (que en el fondo, no es tal) tiene lugar en demasiados escenarios diferentes. Seguramente podríamos afirmar que en situaciones en las que usemos poco cable y pocos pedales, el true-bypass es una buena garantía para conservar la integridad de nuestro sonido. En el caso de tener pedales que chupan tono (unidades vintage, o con buffers de mala calidad), o emplear una cantidad moderada de efectos, una buena opción puede ser un true-bypass looper. Y si hablamos de situaciones con cables largos y un despliegue de pedales tipo NASA, habría que plantearse el uso de algún tipo de buffer...
 
O emplear la técnica de Pete Cornish, entre otros, a base de pequeños buffers diseminados por la señal que mantengan el nivel y la impedancia todo lo estable posible (si es que tienes tiempo y conocimiento para diseñarla, o puedes costearte uno de sus diseños).  En cualquier caso, el “versus” en el título es un poco traicionero, ya que la mejor opción, probablemente, es hacer un uso combinado de ambos sistemas.
 
 
 
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