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Siete cosas que deberías saber sobre los trastes

Raúl Barrantes
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13.11.2013
La de veces que pasamos los dedos por encima, y el poco caso que les hacemos. Es fácil asumir que los trastes están ahí. Porque, en fin, están ahí, siempre: vienen de serie en nuestras guitarras eléctricas, y casi los damos por seguros. Un elemento que no acostumbramos a cuestionar.
 
Sin embargo, estas pequeñas piezas de metal son en realidad una pieza fundamental para que nuestro instrumento suene como lo hace. ¡Demonios! Incluso para que la guitarra eléctrica en sí misma directamente suene como lo hace. No tienen ese glamur ni ese atractivo con el que nos conquistan otros elementos como el mástil, las pastillas, o el mismísimo acabado. Pero el traste no es celoso: mantiene firme su posición – casi siempre -, esperando pacientemente que le ofrezcamos un poco de nuestro tacto. Porque, en fin, tocarlo hay que tocarlo.
 
Así que hoy rendimos homenaje a una pieza a la que ya le va tocando reclamar algo de atención. Aquí os dejamos siete cosas que deberías saber sobre nuestros amantes en la sombra: los trastes.
 
Lo que hacen
Sí, están ahí. Esas bandas de metal incrustadas en el diapasón que marcan el paso tonal de nuestra guitarra. Pero... ¿por qué? Bueno, la ciencia detrás es relativamente sencilla: la nota que ofrece una cuerda de guitarra depende de la longitud de ésta al vibrar. Así que, lo que hace el traste es, ni más ni menos, que acortar esa distancia cuando pisamos la cuerda sobre él y generar las variaciones en pitch a las que estamos acostumbrados. Que en nuestro caso, el occidental, se basa habitualmente en variaciones de medio tono (cada traste separa un medio tono de otro), pero no así en otras culturas musicales. Lo que nos da una pista de las posibilidades que ofrecen los instrumentos sin trastes...
 
Origen
Es difícil precisar cuándo comenzaron a utilizarse trastes en instrumentos de cuerda. Pero está generalmente aceptado que su origen proviene del oud árabe, que fue introducido en lo que hoy es España en la Edad Media. Los europeos le pusimos trastes y le llamamos laúd. Lo que no quita para que existan grabados mucho más antiguos (hititas) donde ya se ven instrumentos de cuerda trasteados. Guitarras, vamos. De la Edad de Bronce (Josh Homme, te regalamos este nombre para tu próxima banda).
 
De qué están hechos
Metal, claro. Aunque no siempre de los mismos. Aleaciones de plata y níquel o níquel y acero son muy comunes, pero también lo son el latón o el cobre. Y sí, lo has adivinado: el material empleado influye en cómo sonará el instrumento.
 
El tamaño importa
Que no te digan lo contrario. Aquí, como en tantas otras cosas (ejem), el tamaño sí es importante. Y los trastes vienen en tamaños variados, tanto en altura como en anchura (cuánto miden de ancho en su corona). Los trastes más anchos suelen facilitar la entonación, mientras que los más altos permiten sacar notas de forma más clara con menos esfuerzo, y hacen más fácil el bending. Así que, ya sabes, la próxima vez que toques una guitarra y algo no acabe de encajar, tal vez sea culpa de los trastes que monta.
 
Cómo les afecta el uso
Hay que tener en cuenta que el traste es una fina tira de metal sobre la que roza de forma constante otro elemento de metal: la cuerda. Esto provoca un desgaste que puede llegar a reducir la comodidad del instrumento, y hacer necesario un cambio de trastes (una operación indicada solo para manos expertas). Pero hay otros factores que pueden afectarles, por ejemplo, la humedad. O mejor dicho, la falta de ella. Cuando esto pasa (que la guitarra se almacena en un lugar sin las condiciones climáticas adecuadas), el diapasón tiende a secarse y agrietarse, y esto puede provocar desde que los extremos de los trastes aparezcan afilados en los lados del mástil. También puede ocurrir que asomen un poco más de la cuenta sobre la superficie del diapasón o que, en el peor de los casos, un traste decida irse de paseo.
 
Cómo comprobarlos
La mejor forma de tener controlados a nuestros trastes, y saber si necesitan algo de atención primaria, es ni más ni menos que echarles un vistazo de cuando en cuando. Puedes, por ejemplo, observar atentamente toda la longitud del mástil, desde el cuerpo hasta la pala, y comprobar que todos están a la misma altura y no hay alguno amenazando con irse de jarana. Pero también conviene fijarse que el desgaste que puedan presentar en su superficie se admisible: arañazos, ok, pero nada de muescas.
 
La culpa no siempre es suya
Por último, que entender un poco más qué son y para qué sirven los trastes no te nuble el juicio. No todos los problemas que te encontrarás relacionados con el mástil de tu guitarra tienen porque tener como responsables a los trastes. Hablamos de problemas sencillos y tan corrientes como el precisamente denominado “trasteo” (“buzz”). Una acción demasiado baja, o incluso una afinación demasiado grave con un calibre de cuerdas no adecuado, estarán seguramente detrás de esta molestia tan común. Los pobres trastes pueden no tener ninguna culpa, excepto por encontrarse en medio...
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