Hay ciertos pedales de los que algunos guitarristas son incapaces de separarse.... ¡Y no hablamos del afinador! Una distorsión específica, un boost concreto que hace que nuestra guitarra chille como más nos gusta, un delay sin el que nuestro tono no parece el mismo, etc. Seguramente, uno de los pedales que más veces alcanza esa posición de “imprescindible” es el wah-wah. Un efecto al que es muy fácil aficionarse, y que es capaz de conferir a nuestro sonido solista una cualidad casi vocal que se torna pronto en condenadamente adictiva.
 
El wah-wah lo tenemos algunos grabado completamente a fuego en nuestro ADN guitarrero. En muchas ocasiones, su presencia, necesaria, justifica por sí misma el cargar con toda una pedalera entera: ya que tienes que meter ese armatoste, porque no suelen ser precisamente pequeños, ¿por qué no añadir éste o éste otro pedalito? En otras, tenemos que contenernos para no lanzarnos sobre él en cada solo que nos toca afrontar. Y otras, ciertos pasajes de según qué temas no serían lo mismo sin un wah-wah sobre el que balancearnos. Y aunque su uso es en apariencia sencillo (colocas el pie encima y lo mueves arriba y abajo), muchos músicos no sacan todo el partido posible a una herramienta, el wah-wah, que ofrece infinitas posibilidades en su manejo, y por tanto, en los colores que puede aportar a nuestro sonido. ¿Quieres ampliar tus recursos sonoros y saber cómo tocar con un wah-wah? Atiende:
 
Siguiendo el tempo
Es, seguramente, el uso más obvio del wah-wah, que escucharás mucho en guitarras rítmicas funky: colocas el pie sobre el pedal, y lo mueves siguiendo el tempo de la canción, consiguiendo esa clásica cadencia en el sonido que, al final, es la que da nombre al efecto: wah, wah, wah... Lo habrás escuchado también, con alguna variación, en la mítica intro del Voodoo Child de Jimi Hendrix.
 
Siguiendo... la nota
Muy habitual también es olvidarse completamente del tempo y buscar un uso un poco más expresivo con el wah-wah. Mediante esta técnica, no se busca un sonido rítmico del efecto, sino enfatizar ciertas notas o pasaje del solo o el riff que se esté tocando. Puedes escucharlo en artistas como el propio Hendrix, Clapton en los 60, y más recientemente, Satriani, Jerry Cantrell, Slash o incluso Josh Homme (en Mind Eraser No Chaser, de Them Crooked Vultures, por ejemplo). La idea es sencilla: para añadir un acento a la frase, lleva el pedal hasta el final de su recorrido agudo, remarcando esa especie de chillido que provoca. Después, vuelve hacia atrás, y juega con el movimiento del pedal según lo que quieras expresar, reforzando el efecto vocal del wah-wah.
 
Hazle chillar
Cuando nos encontramos en plena faena sobre un escenario y llega ese momento del solo, es muy habitual echar mano (ejem, o pie, más bien) de un pedal para reforzar nuestro sonido, darle un punto más de volumen o de énfasis para que “corte” bien a través de la banda y se escuche bien todo lo que tenemos que contar desde nuestro mástil. Lo habitual es un overdrive, un booster, un delay, incluso, o el wah-wah, claro. Pero en lugar de acompañar el solo con el movimiento del pie sobre éste último, algo muy frecuente también es emplearlo simplemente como una especie de treble-booster. ¿Cómo? Fácil, pisas el pedal (o activas el wah-wah con el mecanismo que incluya), y lo dejas en la posición de agudos. Inmediatamente tu sonido se convertirá en un tono cortante que identificarás claramente con los años 70. Con el solo de Whole Lotta Love de Led Zeppelin, por ejemplo...
 
Posición fija
Una variante de esta última técnica, que en inglés se suele llamar “cocked wah”, no es otra que encontrar el punto dulce del recorrido del pedal de wah-wah, y dejarlo en esa posición fija mientras se toca. No es difícil hallar ese “sweet spot”, aunque puede variar según el tema, la tonalidad, el equipo que tengas en funcionamiento en cada momento, e incluso la zona del mástil en que estés tocando. Pero lo reconocerás rápidamente: tu sonido presentará una serie de armónicos que le conferirán un matiz distinto, filtrado, casi algo nasal, como un wah que arranca pero se detiene antes de realmente dar lugar a su sonido habitual. Experimenta, pero ten cuidado: es adictivo.
 
El wah como filtro
Un wah-wah, en realidad, no es más que una curva de ecualización que se desplaza arriba y abajo en el espectro de frecuencias mientras movemos el pedal con nuestro pie. Es eso lo que produce su sonido característico, y entender esto nos permitirá usarlo creativamente. Por ejemplo, para imitar ese típico efecto tan presente en música electrónica, normalmente mientras se construye “el subidón” que casi siempre está presente, y en el que escuchamos claramente como un filtro paso bajo se desplaza desde los graves (cortando todos los agudos) hasta las frecuencias altas, restaurando el sonido original justo antes del “boom”. Para hacer algo similar con el wah-wah, podríamos comenzar a tocar con éste completamente en la posición de graves, y comenzar a bajar el pedal muy lentamente mientras realizamos nuestro propio subidón discotequero con nuestro tema de rock.
 
Wah al revés
Y una última técnica, sencilla pero que no siempre parece evidente para muchos guitarristas: si lo habitual al emplear un wah-wah es usar el efecto “hacia abajo”, es decir, moviendo el pedal hacia la posición de agudos, ¿por qué no probar a hacerlo al revés? Lo más común es buscar siempre ese movimiento hacia el lado agudo del espectro, pero a veces puede resultar interesante hacer todo lo contrario, consiguiendo que el efecto genere un sonido desde lo más agudo a lo más grave. Puede ser un poco complicado al principio, porque el pie nos pedirá bajar “a tierra”, en lugar de subir, pero merece la pena probar y añadir una nueva herramienta a nuestra paleta sonora.