Si no estás viviendo muy lejos de este mundo, sabrás que en Gibson este año celebramos nada menos que nuestro 120º aniversario como productores de instrumentos. Doce décadas en las que hemos visto muchas de nuestras guitarras pasar por manos de multitud de músicos, de multitud de géneros diferentes. Y, en muchos casos, jugando un papel importante, si no directamente diferenciador, en el devenir de esos tipos de música (¿hard rock, por ejemplo?).
 
Hoy nos vamos a detener precisamente en uno de esos géneros que, además, es sin duda uno de nuestros favoritos: el blues. Porque, como verás a continuación, la relación de Gibson con el blues ha sido una muy íntima. Solo hay que echar un vistazo a los grandes bluesmen que han sido y siguen siendo, y que han escrito unas cuantas páginas de la historia del blues precisamente con una Gibson entre las manos.
 
Joe Bonamassa
Llamó la atención de B.B. King cuando tenía tan solo 12 años, y desde entonces no ha hecho más que tocar, y tocar, y girar, y tocar, y grabar y tocar más y más. Es, sin duda, uno de los músicos actuales que más duro trabaja, y aunque aún es joven para ponernos a darle estatus de leyenda, lo cierto es que Joe Bonamassa es probablemente el bluesman moderno con más recorrido de los últimos 20 años. Y entre su inmensa colección de guitarras, el nombre de Gibson aparece con mucha, mucha frecuencia. Lo normal es verle sobre el escenario con alguna Les Paul o Fying V, entre otras guitarras.
 
Muddy Waters
No fue la única guitarra que tocó el gran Muddy Waters durante su larga trayectoria, pero cuando el padre del Chicago Blues comenzó a desarrollar su sonido eléctrico después de años centrado principalmente en guitarras acústicas, lo hizo con una Gibson Les Paul Goldtop con P-90s. Waters se convirtió así en una influencia inevitable para lo que luego fue la British Invasion, y aunque luego desarrolló afinidades con otros tipos de guitarra, la historia quedó escrita con aquella Les Paul.
 
B.B. King
Es difícil, por no decir imposible, imaginar a B.B. King con otra guitarra en las manos que no sea una Gibson. Venga, te retamos a intentarlo... visualízale ahora mismo... ¿Lo ves? La imagen de King (de éste King, al menos) está indisolublemente ligada a su guitarra Lucille, una versión personalizada de la ES-335. Sobre su importancia en el mundo del blues poco hay que decir de uno de los tres “reyes” del blues.
 
Albert King
Les Pauls, Es-335, y un buen puñado de nuestras acústicas son sin duda algunas de las guitarras más comunes cuando de Gibson y blues se trata. Pero este otro King, Albert, encontró en una poco común su herramienta bluesera por excelencia: la Flying V. Llamada Lucy, se trataba de una Flying V del 58 que Albert King tocaba al revés, ya que era zurdo. Tal vez precisamente por eso fue la guitarra que eligió, ya que su forma completamente simétrica facilitaba el darle la vuelta sin tener que preocuparse por cuestiones como un cutaway entrometido.
 
Eric Clapton
Antes de que su eterna Blackie le sedujera completamente, Eric Clapton encabezó la revisión del blues que realizaron grandes músicos británicos – lo que se conoció como la British Invasion – con una Gibson entre sus manos. Primero, con la Les Paul con la que firmó el trabajo que le valió aquella pintada que rezaba “Clapton es Dios”, el disco Blues Breakers, John Mayall with Eric Clapton. Después, con Cream, que aunque no era una formación exclusivamente de blues pero sí muy bluesera, usó profusamente tanto la célebre SG a la que apodó The Fool, como su fiel Gibson ES-335 con la que se le pudo ver en el concierto de despedida de la banda en noviembre de 1968. Y si Clapton no es esencial en la configuración del blues moderno, no sabemos quién más puede serlo...
 
Robert Johnson
Bueno, sí, el que, en el fondo, inspiró profundamente al propio Clapton. Sí, Robert Johnson, aunque lo suyo era en realidad el blues del Delta, lo cierto es que, con su Gibson L-1 definió lo que serían los planes maestros del blues que llegaría a nuestros días gracias a gente como Clapton. Su vida y, muy especialmente, su muerte están rodeadas de misterio: ya sabes, lo de vender su alma al diablo y morir en extrañas circunstancias. Pero, leyendas aparte, lo que está claro es que el impacto que causó en músicos de la talla del ya mencionado Clapton o Keith Richards resuena aún hoy.