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Una mirada a la icónica Gibson ES-335

Raúl Barrantes
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27.02.2013
Gibson Custom 50th Anniversary 1960 ES-335TD

Dentro de un catálogo tan extenso, duradero en el tiempo e influyente en la historia de la música como el de Gibson, hay sin duda unas cuantas guitarras que son hoy por hoy auténticos iconos. Tanto de géneros concretos, como de la propia casa. Curiosamente, una de ellas no es, tal vez, la primera que vendría a la mente de muchos si se le preguntara por el modelo más característico de Gibson. Y, sin embargo, es el único que lleva en producción ininterrumpida desde hace más de 5 décadas: la ES-335.
 
Esta guitarra, para algunos, puede presumir también de ser la primera semi-acústica de la historia. Pero, en realidad, es un dato erróneo que se lee demasiado a menudo. Ese honor le corresponde, en realidad, a la ES-150, un modelo unos 20 años más viejo, desarrollado y comercializado con bastante éxito en los años 30, que ya incluía una single-coil sobre un cuerpo hueco. De lo que sí puede presumir la ES-335, que entró en producción en 1958, es de ser la primera “semi-hueca”, o “semi-hollow” como se denomina en inglés.
 
El diseño de la 335 supuso no ya una evolución, sino toda una revolución de la línea ES (Electric Spanish) ideada por Ted McCarty, presidente de Gibson durante dieciséis años desde 1950. Su concepto principal partía de solucionar el problema de feedback que generaban los diferentes modelos ES desde aquella 150, pero sin perder la calidez tonal que los había hecho tan populares en géneros como el jazz o el blues. Para la 335 se pensó, por tanto, en combinar la parte acústica – hueca, por tanto – con un bloque de madera sólida, de tal forma que el bloque quedara en el centro y las alas del cuerpo de la guitarra mantuvieran el carácter acústico. En palabras del propio McCarty: “Pensé en poner un bloque de arce en un modelo acústico. Tendría parte del mismo tono que una guitarra de cuerpo sólido, pero las alas huecas del instrumento vibrarían y obtendríamos una combinación de una eléctrica sólida y una acústica”.
 
La ES-335 se diseñó, además, con un cuerpo extrafino, que también contribuía a la eliminación de feedback cuando se amplificaba. Pronto se apodó como la “maravilla delgada”, porque cumplía esta función a la perfección gracias a sus dos características principales: el perfil del cuerpo y el bloque de madera sólida en el centro del cuerpo.
 
Tras entrar en producción en el año 1958, la ES-335 se convirtió pronto en un éxito entre diferentes tipos de público, ya que sus características resultaban atractivas para muchos tipos de guitarrista. En el mismo año de su estreno, ya podía verse al mítico Chuck Berry interpretando su Johnny B. Good con una 335:
 
El nombre completo de la 335 era, en realidad, ES-335TD,  Electric Spanish 335 Thinline Double-Pickup, porque montaba las célebres pastillas humbucker PAF. En su primer año, solo se fabricaron 267 unidades de esta guitarra, que ya incorporaba el ángulo de 17º en su pala que tan caro de ver es en otros modelos que la han imitado a lo largo de los años. Sin embargo, fueron solo 10 las unidades de la versión “superior” de la 335 que aparecieron en 1958. Se llamaba ES-355, en producción hasta 1982, e incorporaba un puente vibrato Bigsby.
 
 
Curiosamente, al año siguiente comenzó a producirse otra hermana mayor de la 335: la 345, una especie de modelo puente entre aquélla y la 355 que incluía cableado estéreo y un control Varitone. B.B. King, uno de los guitarristas más profundamente asociados con la 335, llamaba a este control “el interruptor mágico”, y su guitarra modelo signature inspirado en su compañera inseparable, Lucille,  es el único que actualmente incluye uno de este tipo, con seis posiciones que permiten un control tonal absoluto a través de diferentes condensadores.
 
A día de hoy, la ES-335 sigue siendo un instrumento profundamente deseado por guitarristas de todas las clases, y puede vérsela, en sus diferentes variantes,  ayudando a crear música de géneros tan diferentes como el jazz o el punk-rock. Alguna que otra, además, ha batido algún récord, como la ES-335 TD de 1964 de Eric Clapton que se subastó en 2004 por nada menos que 847.500 dólares. La mejor prueba de su éxito y su revolucionario diseño será siempre, en cualquier caso, el verla en tantas manos y tan diferentes por muchos años que sigan pasando.
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